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Cuaderno registra mi pensamiento en torno a temáticas de diverso género, pero fundamentalmente en torno a la filosofía, el arte, la cultura y la psicología, aunque, como dijo alguna vez un gran filósofo "nada de lo humano me es ajeno"

viernes, mayo 18, 2018



¿Poseemos una esencia que nos caracteriza o podemos cambiarla? Supongo que la educación en los primeros años de vida puede formar en valores a las personas, pero tengo dudas acerca de que la naturaleza de alguien pueda cambiar, porque implicaría que dejara de querer las cosas que quiere y sentir lo que siente. Nuestra esencia, si es que existe, está compuesta por un conjunto de impulsos que comandan nuestros actos. Algunos de estos impulsos podrán debilitarse con el paso del tiempo, pero no cambiar.

Claro, podemos pensar que una persona está definida por sus actos, no, no es cierto, ya que puede mentir, disimular, enmascarar, sus verdaderas intenciones. El único asesino serial del Uruguay, antes de ser descubierto, pasaba por ser una buena persona, muy educada y culta. Si no hubiera sido descubierto y hubiera dejado de matar, posiblemente hubiera tenido una vida donde nadie se hubiera  dado cuenta de lo que en verdad era.

Hay personas que son buenas por naturaleza y otras que no, pero las que no, pueden haber aprendido valores y descubrir que para sobrevivir y progresar en nuestra sociedad, es necesario actuar según esos valores, aunque no se sientan identificados con ellos. Actuaran y hablaran como si esos valores guiaran su vida y exigirán a los demás que también los cumplan. Es el juego de las máscaras sociales. Pero podemos a veces intuir que no son buenas personas. Esperamos que un médico se preocupe por su paciente, algunos lo harán, otros fingirán hacerlo, otros no fingirán.

Creo que nuestra esencia no puede cambiar, salvo el cambio debido al desgaste orgánico, accidentes, enfermedades, que pueden alterar en algo nuestros impulsos de base. Pero lo que sí hacemos con el paso del tiempo es aprender. Las personas pueden aprender a mostrarse de ciertas formas más aceptables, aprenden a engañar, a seducir, a ocultar su verdadero ser. Los políticos son especialistas en el arte del engaño y la seducción.

Es más, fue un político del Uruguay quien dijo que no se cambiaba, sino que se redondeaban las aristas como con el canto rodado. Las piedras redondean sus partes salientes por la acción del clima, los golpes, rodamientos, etc. Se pueden aprender destrezas sociales y parecer más maduro y sociable. Pero en el fondo se sigue queriendo lo mismo.

Hay personas buenas, pero son muy pocas. Pero existe un motivo por el que esto ocurre. La naturaleza parece poseer una idea para cada especie, pero muy pocos miembros de la misma están a la altura de ésta. Le lleva muchas generaciones a la especie alcanzar la idea que está manifestándose. Con el hombre ocurre lo mismo, hombres y mujeres ejemplares existen muy pocos, por eso son ejemplares y los modelos a seguir, el resto de los mortales parecen ser simples intentos fallidos de humanidad.

La inmensa mayoría de las personas, aún aspirando a realizar la idea que la naturaleza pueda haber impuesto en nosotros, no poseen la vitalidad necesaria para estar a la altura de la misma. Yo mismo no la poseo, y a esta altura de mi vida ni me interesa.

Se me ocurre, además, que así como existen dos sexos, existen dos modalidades éticas: bueno y malo. Nuestra especie necesita de los dos sexos para sobrevivir, pero puede que necesite de hombres y mujeres buenos y malos también, pero dentro de cierto equilibrio. Por este motivo es que se nace hombre o mujer (no voy a entrar en temas de identidad sexual y sus variantes) y bueno o malo. Porque alguien que nace bueno no puede volverse malo, aunque puede que en algún momento actúe mal por debilidad. Alguien malo no puede ser bueno, porque sencillamente no le interesa, pero puede actuar bien por conveniencia. Tal vez deba realizar una corrección en este punto y cambiar la terminología de bueno o malo, por altruismo o egoísmo. La especie necesita de ambos impulsos para sobrevivir, pero desgraciadamente al nacer la ecuación que nos define en esta área se mueve con 0 y 1, esto quiere decir que predominará una de estas tendencias. Quien nazca siendo egoísta no podrá cambiar jamás, porque esa es su naturaleza, y quien nazca bueno, tampoco, porque esa es su naturaleza.

Pero es posible aprender, que no implica cambiar. Un león podrá ser domesticado, pero seguirá siendo un león.

Desgraciadamente, poseo la destreza innata de ver la verdadera naturaleza de las personas, y carezco de las competencias sociales que me permitirían tolerarlas, o disimular lo que veo. Nada altera más a alguien que sentir que no puede esconderse del ojo del Otro, porque las personas invierten una cantidad impresionante de energía para sostener las máscaras sociales.

Creo que lo que más me molesta de las personas, no es tanto que escondan sus intenciones, sino que la mayoría pueda ser engañada tan fácilmente. Lo vemos en política. Los malos gobiernos que se perpetúan en el poder porque logran engañar a las masas. Los venezolanos se dieron cuenta de que el chavismo los llevaba al precipicio cuando ya se estaban cayendo por éste. En Uruguay vamos por el mismo camino pero la mayoría no se percata de ello, y cuando se percate ya será tarde. Ya es tarde me parece.

Esta es la verdadera destreza que poseo: saber hacia donde van las cosas. Pero la inmensa mayoría de las personas sólo se dan cuenta de que van por mal camino cuando hace tiempo que cruzaron la línea de no retorno.

No, no se puede cambiar lo que las personas son, sin embargo, así como la mayoría gasta tanta energía en sostener sus máscaras sociales, hasta cuando son descubiertos, otra mayoría gasta la misma o más energía en tratar de cambiar a los demás, cuando eso no es posible.

viernes, abril 20, 2018



La ideología es una simplificación de la realidad para que los menos inteligentes crean entenderla y, así, controlarlos a partir de un pensamiento enlatado que pueden transmitir sin modificar, pues para ello necesitarían de una mínima capacidad de pensamiento crítico. Mientras más esquemática la ideología mayor adhesión popular.

Es más, la mayoría de ellas tienen el propósito de mantener enojados y en estado combativo a sus militantes. Como en 1984, quien no se muestra lo suficientemente enojado puede ser expulsado de sus filas.

Los ideólogos buscan generar una respuesta emocional, no racional, ahí se encuentra su intención manipulativa.

jueves, febrero 01, 2018



Hace algunos años un chico me preguntó qué era la filosofía. Creo que casi todo el mundo tiene alguna idea acerca de lo que es la investigación científica, pues gracias al conocimiento científico tenemos la tecnología actual que nos ha resuelto tantos problemas, aunque haya creado otros que puedan llevarnos a la extinción. Sin embargo, si las distintas ciencias buscan conocer todo aquello que hay en el mundo y sus alrededores, ¿qué busca conocer la filosofía? ¿Qué hay más allá del mundo y sus alrededores para conocer?  O ¿qué busca la filosofía? Alguno dirá que la filosofía se pregunta por el sentido de la vida, de dónde venimos y a donde vamos, y alguna otra cosa más de índole trascendental. Bueno, lamento decirles a quienes así piensan que están equivocados, porque la filosofía no puede responder a esas preguntas, sólo la ciencia puede que algún día las responda. Como organismos biológicos nuestros orígenes y fines los pueden indagar las ciencias especializadas en estas cosas. Entonces ¿qué hacen los filósofos? Buena pregunta. En aquel momento cuando el chico me preguntó qué era la filosofía, tuve un relámpago de inspiración. Sabiendo que las ciencias eran las encargadas de conocer la realidad por lo que el filósofo debería dedicarse a otra cosa, respondí: la filosofía busca la verdad.

Y la respuesta me acompañó desde entonces. ¿Qué es la verdad y qué la diferencia del conocimiento científico? El conocimiento científico puede ser verdadero o falso, o ser verdadero dentro de ciertos ámbitos. Pero ¿cómo sabemos si es verdadero o falso? Desarrollaremos criterios que nos permitan definir qué es el conocimiento científico verdadero. Pero aquí es donde se da la salida de la ciencia. La ciencia sabe si algo es verdadero o falso, pero definir qué es el conocimiento, qué es lo verdadero, sólo se puede definir desde fuera de la ciencia, y ahí es cuando nos encontraríamos en el territorio de la filosofía, porque la ciencia y el conocimiento científico es algo que nos importa. La ciencia descubre patrones, de ahí a que hayan creado sistemas de inteligencia artificial capaces de indagar sobre algunos fenómenos y llegar a producir conocimiento sobre ellos, ya que sólo deben identificar patrones que se repitan y registrarlos de alguna manera.

Esto no es poco, nadie puede poner en duda los grandes avances de las distintas ciencias. Pero ponerlos en duda, poner en duda a la ciencia, ya es entrar en el territorio de la filosofía. A un ingeniero la verdad le interesa poco, sólo le interesa que el conocimiento que tiene de su especialidad le permita hacer cosas su ramo. A un arquitecto la verdad le interesa poco, le interesa que su saber le permita construir casas, edificios, puentes, que no se caigan.

Alguien puede preguntar en este punto: ¿acaso se necesita de otra verdad más allá del conocimiento científico que nos permite hacer cosas en este mundo? Existen verdades que no son científicas y que igual nos importan. Por ejemplo, Pedro quiere saber si Juana lo ha engañado con otro hombre. Pablo quiere saber si Ernesto lo difamó en su lugar de trabajo. Son verdades que de alguna manera necesitamos saber para actuar en consecuencia. Lo que siento por una mujer no será lo mismo si me entero que me ha engañado. Mi comportamiento con Pablo no será el mismo si me ha difamado o si no.

Pero aquí comienza a revelarse algo importante acerca del concepto de verdad. Que Pablo me difame puede afectarme laboralmente, el perjuicio puede cuantificarse económicamente, por ejemplo puedo perder un ascenso. Sin embargo, aunque no haya una consecuencia medible desde el punto de vista utilitario, hay una traición que genera el dolor. Que alguien a quien ame me traicione genera un dolor que escapa a cualquier valoración cuantificable. Porque cuando se logra relativizar todo lo que nos ocurre, la vida deja de tener sentido. Si sólo me encuentro en relación con objetos que me provean sustento y placer, y puedo medir ese sustento o placer de manera que puedo sustituirlo con equivalentes, me encontraría en un mundo de caricaturas.

El novio de Pepita la deja por otra y ella al encontrarse sufriendo recibe de sus amigas frases del tipo: tranquila, lo que sobran en este mundo son hombres, si uno se va puede aparecer otro. Pero cuando Pepita acepta esto, nunca más estará realmente con alguien, porque llegó al estado donde un hombre es intercambiable por otro.

Cuando deja de dolerte que Pablo te difame, o que tu novia te engañe con otro porque puedes cambiarla por otra, el mundo pierde su encanto. Si aquello con lo que estas en contacto es reemplazable, entonces sólo estarás en contacto con objetos con un valor utilitario. Cuando se llega a este punto, desaparecen las personas. Podrás sentirte más o menos bien con algunas, pero sólo se encontrarán en la periferia de tu existencia. Las valorarás en función de lo bien o mal que te hagan sentir, pero todas serán prescindibles o reemplazables.

Pero algo similar experimentamos con el conocimiento científico. Es un conocimiento utilitario, que podrá mejorarse y ampliarse con el paso del tiempo. Podrá registrarse en documentos, pero está ahí, fuera de nosotros. Cuando lo necesitemos consultaremos las bases de datos, y cuando no, dormirán en sus soportes virtuales.

Antiguamente la verdad estaba asociada a experiencias místicas, el conocimiento se valoraba tanto como al conocimiento supuestamente revelado por los profetas. Hoy hay tanto conocimiento que nos resbala. Y cuando algo pierde su valor original por su valor de consumo, de alguna manera nos alejamos de la verdad. Porque algo es más o menos verdadero en función de cuánto nos afecta.

Por este motivo respondí que la filosofía buscaba la verdad, porque se debería mover en el territorio de aquello que nos afecta de alguna manera. Si todo deja de afectarnos, si todo es intercambiable, la verdad no tiene razón de ser. El día que Pepita aceptó que el mundo está lleno de hombres, y que podía sustituir al novio que tanto quería por otro equivalente, ya nunca necesitará amar a nadie o, posiblemente ya no pueda amar a ningún otro hombre, porque amar a alguien implica no poder sustituir a esa persona (y casi no poder vivir sin esa persona). El día en el que las personas adquieren la posibilidad de ser sustituidas, la verdad desaparece, deja de tener sentido, porque todo pasa a ser relativo.

Simultáneamente, al adquirir los demás valor de cambio, nosotros también lo adquirimos. En ese punto todo en el mundo de las personas deja de tener valor o de ser tocadas por algo como la verdad. Claro que todo es relativo en este mundo, porque todos podemos ser sustituidos. Sólo somos uno más del montón. Y si alguno destaca y es valorado por ello, quien es valorado no puede disfrutar realmente de la valoración debido a que puede importarle lo que la gente del montón piense acerca de él.

Los tontos de la New Age que leyeron a Castaneda y la recomendación de su personaje “Don Juan Matus” de destruir la importancia personal, no saben que si la importancia personal se destruye, se destruye la de todo el mundo, y la vida pierde sentido.

La imagen que acompaña este texto se llama El Hermitaño. En realidad el término ermitaño no lleva una “h”, pero en el tarot de Marsella se escribe con “h”. Esta carta representa a un fraile que se retira del mundo humano para encontrar la verdad. Es más, los filósofos aparecen generalmente representados por esta carta, mientras que los científicos por el Mago. Ese Hermitaño se aparta del mundanal ruido y pretende desapegarse de todo para quedar solo con su verdad, si es que existe verdaderamente. Pero ¿por qué se aleja del mundanal ruido, de las posesiones, de la gente? No tanto por elección propia, sino porque llegó a un punto donde todo se relativizó. No busca la soledad para escucharse mejor, se quedó solo. Y busca algún sostén, luego de haberlo perdido. La gente perdió valor, ya que hay tanta, que cada uno puede terminar siendo sustituido por otro. Las posesiones dan placer, pero el placer solo, sin más sentido, no llena. En el fondo, los filósofos terminan haciendo algo parecido: buscan en ellos mismos algo que le brinde sustento. No lo encuentran, por esto son tantos los filósofos que terminan suicidándose o haciendo juegos de palabras en sus textos.

Ese Hermitaño se aparta del mundo para encontrar una verdad que no existe. Camina con su linterna hacia la izquierda, su pasado. Indaga con la luz de su intelecto en la vida vivida tratando de encontrar algo que le consuele, una verdad que destruya todas sus dudas. Pero esa verdad no existe.

La verdad emerge del vínculo con aquellas personas que pueden afectarnos, para bien o para mal. Cuando se da el proceso de desencantamiento donde todo comienza a relativizarse, a adquirir valor de cambio, por lo que puede ser sustituido, la verdad deja de tener valor, en realidad deja de existir. Cuando esto ocurre, la ciencia sigue viva, pero la filosofía muere.

A veces se trata de entender a la verdad por si sola, cuando debe ser entendida a partir de su opuesto: la mentira. En la ciencia no existe la mentira, existe el conocimiento verdadero o falso, pero no la mentira. Que un conocimiento sea verdadero o falso no nos afecta demasiado, es exterior a nosotros, pero que alguien nos mienta sí. La mentira nos toca directamente en el alma. El valor de la verdad es directamente proporcional a cuánto pueda afectarnos la mentira. La información falsa no nos afecta grandemente, la mentira ataca directamente a nuestro ser. Y sólo hay mentira en los vínculos humanos. Sin vínculos fuertes la mentira no puede tocarnos y la verdad pierde su valor.

Ese Hermitaño al abandonar el mundo humano para tratar de encontrar alguna verdad, desconoce que, precisamente se está alejando de donde puede encontrarla. La necesidad de verdad es la necesidad de alejarse de la mentira, o de quienes mienten. La verdad concierne al mundo de las personas, y en este mundo algo puede ser verdad o mentira. En el mundo de la ciencia no existe la mentira, existe el conocimiento verdadero o falso. Pero al perder valor el mundo humano, todo se relativiza, y con ello muere la filosofía. Sólo nos queda el mundo del consumo.

lunes, enero 29, 2018



Este título adelanta un rasgo esencial del concepto del amor, el de “camino”. Los psicólogos y posiblemente los filósofos, que saben tanto de cosas que jamás han conocido, gustan del ejercicio de la discriminación y separan la noción de “enamoramiento” del concepto más profundo del “amor”. Según ellos el enamoramiento es una fase transitoria del vínculo amoroso donde prima el comportamiento sexual y surge con fecha de caducidad. La duración de este estado puede rondar en algunas semanas, meses, pero si no ocurre algo que conduzca a una etapa superior de las relaciones, se termina.

Verdaderamente nunca me gustó esta distinción, pues siempre creí que el verdadero amor es el del noviazgo, pues las parejas que más duran felices (porque durar por durar hay muchas) no dejan de ser novios jamás. Pero puedo aceptar que existan dos fases, tal vez más, pero a los efectos de este análisis basta con considerar dos estadios bien diferenciados. Evidentemente existe un primer estadio donde el encantamiento gira en torno a una atracción sexual intensa, se vive la relación en el momento sin pensar en el futuro. Hay lo que hay y punto. Mientras no aparezca nada mejor y la pareja no sufra desgaste por el conflicto, esta etapa puede durar hasta uno o dos años, aunque generalmente se queda en meses o semanas.

Creo mucho en la biología y pienso que el comportamiento de las personas está pautado fundamentalmente por los fines de la especie. Al menos colectivamente, aunque se den muchas excepciones en lo individual. Con esto en mente podemos entender que existan estas dos fases la del enamoramiento y la del amor, porque cada una de ellas cumple una función específica en el mantenimiento de la especie. La primer fase empuja a los miembros de distinto sexo a conocerse. No desconozco los casos donde la atracción se da entre miembros del mismo sexo, y creo que hasta existe una explicación científica que lo justifica teniendo este comportamiento valor para el mantenimiento de la especie, pero no lo analizaré ahora.

Para que la especie sobreviva se necesita la atracción entre miembros del sexo opuesto, pues se necesita descendencia. Pero un miembro de la especie humana no puede valerse por sí mismo hasta luego de unos cuantos años. Si sólo existiera la fase de enamoramiento las mujeres quedarían embarazadas tendrían sus hijos y deberían cuidarlos solitas. Sólo con la fase de enamoramiento la especie humana hubiera desaparecido hace mucho tiempo, pues la carga para las mujeres sería terrible y no podrían valerse solas con el cuidado de los hijos.

La madre naturaleza debió crear el amor para salvar a la especie. ¿En qué consiste el amor? En una energía que interviene para mantener a dos personas unidas en el tiempo para algún proyecto vital, como formar familia y tener hijos, cuidarlos, darles una buena educación, etc. Sin el amor asegurando la unión de las personas por largos periodos de tiempo la especie humana habría desaparecido. Pero ahora puede entenderse el título de este escrito, porque no puede disociarse el concepto de “amor” del de “camino”. Sin un camino que involucre a dos personas no podría darse el amor o, si se dio, terminará. Lo vemos con parejas que luego del criado de los hijos sienten que no tienen más nada que hacer juntas.

El hijo de mis vecinos se ha independizado y se fue a vivir con su propia pareja. El amor de sus padres creo que ha muerto hace mucho. Hacen cosas juntos, ahora están remodelando la casa, también creo que están saliendo de una crisis económica, pero todo lo que hacen juntos parece mecánico, no hay vida, nada los enciende como pareja. La aventura que alguna vez iniciaron juntos ha terminado. Supongo que tratan de reinventarse, de iniciar una nueva aventura, pero no pueden lograrlo.

Es cierto que nunca en mi vida he visto que un amor muerto pudiera renacer. Posiblemente porque en el amor se da un proceso de encantamiento, y al romperse no pueda volver a reencantarse la relación. El amor es una energía que nos empuja a hacer lo que a veces parece imposible, y una vez que tomamos conciencia de este proceso, perdemos la inocencia.

Pienso que todos hemos visto a personas, generalmente muy jóvenes, sufrir por un amor perdido. Ese chico o chica puede creer que nunca saldrá de ese terrible dolor, pero el tiempo todo lo cura y curará a estos chicos. Sin embargo, habrán aprendido algo, a relativizar el amor. Podrán volver a enamorarse, pero jamás como lo estuvieron antes. Además, se enamoraran preparados para perder el nuevo amor si se diera el caso, de manera que no los tomara desprevenidos. Nunca más volverán a sufrir como antes, posiblemente nunca más lleguen a amar con la misma intensidad.

Hay quienes dicen que el amor es una forma de locura, creo que es así, se puede enloquecer una vez, pero luego será más difícil que ocurra. Todo se relativizará, la razón estará operativa para decidir en función de la cabeza antes que con el corazón. El lado bueno de esto es que ya no se volverá a sufrir, el lado malo que nunca se volverá a estar tan vivo como antes. Todo perderá intensidad.

Creo que esto ocurrió con mis vecinos, el conflicto y los problemas los desgastó. Harán cosas, porque antes el hacerlas los hacía felices, pero ahora todo es mecánico. Perdieron la chispa vital y lo saben. Nada puede reanimarlos, ni el juego de la sinceridad. Porque unos de los recursos más viejos para reanimar una relación es el de abrirse, mostrarse vulnerables, ser sinceros. Porque en las películas la sinceridad se premia, pero en la realidad sólo aburre.

Dicen que las dos emociones más intensas son las del amor y la del odio. Es más, no pocas veces uno pasa al otro. Tengo una hipótesis, que el odio en una pareja luego de haber perecido el amor es un recurso para sentirse vivos. Porque nos sentimos vivos al amar o al odiar. Cuando en una pareja se instala el odio puede que aún quede algo de amor. O no.

Pero volviendo al concepto de “camino”, que no puede disociarse del concepto de “aventura”, porque un camino nos atrapa cuando nos ofrece una aventura de algún tipo. El amor necesita de un camino que ofrezca una aventura, y cuando una pareja logra enamorarse del mismo camino, entonces la energía del camino revitalizará la relación. ¿Qué les falta a mis vecinos? Una aventura que los entusiasme a ambos. Pero también ayuda a entender a las parejas gay que alcanzan una gran estabilidad en el tiempo: porque se han entregado a la misma aventura.

Los grandes amores que he conocido han tenido todos un rasgo en común: un gran camino que los uniera, un propósito. Y por supuesto: no poder imaginarse uno sin el otro. Pero no confundir con la amistad, porque una pareja que se ame no se consideran simples amigos, porque cuando esto ocurre sí que se ha acabado el fuego. Cuando hay amor cada miembro de la pareja nutre al otro, le da vida, sentido. En la amistad el compañerismo es un pobre sustituto del amor. Recuerdo cuando falleció la esposa de mi dentista, un hombre de 60 años, el pobre se sintió morir, le llevó años recuperarse, posiblemente nunca se haya recuperado. Porque cuando hay amor resulta insoportable vivir sin el otro. Simplemente no se puede. Esta pareja tuvo hijos, los hijos crecieron, se independizaron, pero la aventura vital entre ellos no acabo. Estos son los verdaderos grandes amores, aquellos que se encuentran por sobre todo, donde el sentido de uno se encuentra en el otro, y sin el otro se pierde la razón de ser. En el amor uno es por el otro, y sin el otro se deja de ser.

Es cierto que los grandes amores son cada vez más escasos, para algunos hasta inconcebibles. Posiblemente porque las grandes aventuras van desapareciendo. Porque el amor va de la mano de la razón de ser, de la intensidad que se es. En un mundo donde se ha perdido la importancia personal, en un mundo donde el consumo y el entretenimiento han ocupado el tiempo y el espacio de las personas, donde se vive pulsando el botón de la recompensa cerebral, el amor no tiene cabida.

Las grandes aventuras han desaparecido de este mundo y con ellas los grandes amores.

sábado, enero 27, 2018



En principio nadie lo es, salvo en las películas. Pero existen algunos criterios que permiten anticipar el comportamiento de las personas, en realidad, existen sólo dos.

El primero de estos es el valor que tenga la imagen de alguien para sí mismo, porque nuestra imagen posee un cierto valor. Por ejemplo, un comerciante sabe que su imagen o su marca le pueden asegurar un cierto éxito financiero y perderla puede implicar que se arruine. ¿Qué busca alguien en una marca? Confianza. Y el dueño de la marca debe cuidarla y hacerla crecer, para asegurar su negocio.

Hace unos años compré una tablet china. Estaba en precio comparada con otras y pensé: por mal que salga siempre funcionará, por lo menos las cosas mínimas podré hacerlas con ésta. Pero no, funcionaba, pero abrir una página podía llevar 3 minutos. Era tan mala que tuve que tirarla. Claro, no tenía marca, era china, ¿a quién le voy a reclamar? Los fabricantes saben que su marca no importa porque ni la tienen, y que nadie podrá ubicarlos para reclamar algo. Sus productos están dirigidos para los tontos que piensan tal como yo pensé al comprarla. ¿No han comprado productos “Made in China” que se deshacían al tratar de usarlos o que les duraban 4 días? Un paraguas chino dura mientras no se emplee, a la primera lluvia con viento se quedaron sin paraguas.

Recuerdo un estudio sobre marketing que decía que si alguien compra un producto y éste se encuentra dentro de lo esperado, posiblemente no se lo cuente a nadie, porque es lo que se espera de un producto. Pero que si no lo está, el comprador enojado se lo contará por lo menos a 8 personas. Por este motivo las grandes marcas tienen tanto celo por sus productos, porque los que hayan salido mal pueden dañar seriamente a la marca. Claro, hoy con la obsolescencia programada y sabiendo que la gente quiere tener siempre el último modelo de lo que sea, las empresas han bajado el listón de calidad. En mi casa hubo una heladera General Electric que tenía 48 años y seguía funcionando, sólo un poco estropeada la pintura, al vender la casa los compradores quisieron quedarse con la heladera y se las dejé. Dudo que hoy una heladera dure tanto.

Pero la imagen de las personas operan como una marca. Un profesional depende de su imagen para poder trabajar y tener clientes. En pueblos chicos donde todos se conocen, la historia de alguien puede definir su éxito laboral y social. Por este motivo la gente de pueblo chico es más servicial y amable, porque dependen de la imagen que proyecten para sobrevivir. Alguien que no cumpla con lo esperado puede terminar siendo marginado.

Claro, en un mundo globalizado como el nuestro la historia personal cuenta menos, salvo en ciertos ámbitos. En una gran ciudad basta con mudarse para iniciar una nueva vida, por lo que la imagen que se tenga cuenta menos. En lugares donde sea fácil cambiar de empleo, también. Claro, salvo que se tenga un empleo público donde se es impune, en este caso los funcionarios no se preocupan por su imagen pues son inamovibles y pueden tratar mal al público pues son intocables.

Este es el primer criterio con el que puedes contar para saber si puedes confiar en alguien: cuánto vale la imagen de esa persona para sí mismo. Si lo que tú pienses acerca de alguien no puede afectarlo, entonces no puedes confiar en esa persona. Porque si no cumple un compromiso no puedes hacer nada para obligarlo a cumplir.

Muchas veces escuchamos decir: “no me importa lo que las personas piensen acerca de mí”. Y verdaderamente hay personas que han alcanzado un nivel de independencia donde lo que otros piensen acerca de ellos no puede afectarles. Pero en estas personas no se puede confiar precisamente por este motivo.

Lo único que puede darte seguridad en una persona es que reciba algún perjuicio si no cumple con su palabra. Si esta condición no se da, su palabra no vale absolutamente nada. La palabra de alguien vale algo sólo cuando incumplirla puede generarle algún perjuicio. Porque comprometerse implica asumir las consecuencias del incumplimiento, y si no hay consecuencias, entonces el compromiso no vale nada.

Sobre esta base podemos hacer un cálculo, ¿qué pierde alguien al incumplir y qué gana? Porque alguien puede tener unas consecuencias negativas al incumplir, pero ganar algo que tenga más valor. Este cálculo lo hacemos siempre cuando decidimos si podemos confiar en alguien o si no.

Claro, hay personas que han construido una vida que consideran valiosa y la imagen que tienen de sí mismos les importa. Su palabra vale porque no permitirían que su imagen se dañe, son personas de palabra. El problema es que grandes personajes cada vez quedan menos y la mayoría somos personas anónimas en una gran ciudad. Esto implica perder valor. Aunque suene feo, las personas hoy tienen un valor menor que antiguamente. Al saberlo el nivel de compromiso baja y terminamos en lo que hoy se llama la “sociedad de la desconfianza”. Si las personas valen poco su imagen vale menos, por lo que ya no podemos confiar en ellas. Le presté $ 1000 a Pedrito y no me los pagó. ¿Qué le importa a Pedrito que se lo cuente a quienes conozco, si puede pedirle a otros y hacer lo mismo?

Vivimos en la sociedad de la desconfianza porque somos anónimos y no valemos nada, por lo que nuestra palabra no vale nada tampoco. Ni siquiera los políticos que viven de su imagen se preocupan en cumplir cuando llegan al poder, porque lo que ganan supera el daño que su imagen pueda sufrir. También es cierto que la imagen de los políticos como clase está muy devaluada, porque ya nadie cree en ellos.

El segundo criterio es el del tono vital, la fuerza interior. Claramente sabemos que no podemos confiar en un adicto, ya que no posee fuerza de voluntad. Para resistir la tentación se necesita fuerza de voluntad. Intuitivamente podemos calcular la capacidad de alguien para vencer sus impulsos y saber así si podemos confiar en esa persona. No podemos confiar en quien no es capaz de controlar sus impulsos. Fundamentalmente en el área de compromiso. Porque una persona puede controlar sus impulsos en un área de su vida y no en otra. Muchas personas enloquecen en ciertas áreas, como ocurre en las relaciones amorosas, donde más se necesita la confianza y dónde menos se encuentra.

Pero la fuerza de voluntad de alguien se puede intuir de su estilo de vida. Por ejemplo, podemos desconfiar de los artistas porque son espíritus libres. Esto quiere decir que hacen lo que se les canta, por lo que el control de los impulsos es muy pobre. En quienes tengan una forma bohemia de vivir cuesta confiar, porque no han desarrollado el músculo del autocontrol. Es más, odian todo aquello que pueda representar alguna limitación a su libertad, como lo pueden ser los compromisos.

¿Cómo confiar en alguien que no acepta ninguna limitación a su libertad, cuando asumir un compromiso consiste precisamente en ello? No podemos confiar en quien se autodefina como un espíritu libre. Por su propia definición, y porque con su estilo de vida no ha desarrollado el músculo que les permita controlar sus impulsos. Por este motivo caen tan frecuentemente en las adicciones, porque no poseen fuerza de voluntad para resistirse.

Por lo tanto, no podemos confiar en las personas anónimas, en quienes no cultivan su imagen, en quienes se sienten desvalorizados, en quienes poseen una historia de no cumplimiento de sus compromisos, en quien tenga más que ganar incumpliendo que cumpliendo, en los espíritus libres, en los adictos, en nadie que no posea un fuerte control sobre sus impulsos.

Pero aquí es donde se da un extraño viraje al tema del compromiso. ¿Qué hacen muchos con aquellos rasgos de su personalidad o vida que no son aceptados? Los exageran o se burlan de éstos. Si alguien es feo se burla de su fealdad para descalificarla. Si alguien se siente tonto se burlará de su tontera. Por lo tanto, ¿qué puede hacer alguien que no genera confianza ni puede generarla? Se burlará de los compromisos, los rechazará. Hasta puede hacer todo lo que esté a su alcance para destruir toda posibilidad de confianza en su persona, para que quien se acerque lo haga bajo esta condición. Como no puede generar confianza sólo le queda proclamar que no es confiable, para sentirse libre del peso de cualquier compromiso. Curiosamente, esto funciona. Pero sólo en parte, porque quienes aceptan esta condición poseen rasgos similares y hacen lo mismo, por lo que jamás se alcanzan vínculos reales. Porque sin confianza no hay vínculo posible, porque hasta los ladrones tienen códigos de ladrones. Lo más curioso de este comportamiento es que quien proclama de alguna manera no ser confiable para que no le exijan ser confiable ni asumir compromisos, lo exigen a los demás, y se enojan mucho con quienes no se comprometen con ellos. No poseen la inteligencia suficiente para darse cuenta que pretenden que la gente se comprometa, cumplan sus compromisos, pero sin exigirles a ellos mismos que cumplan. Personas que esperan que los demás cumplan pero sin exigirles a ellos mismos que lo hagan. Y no se dan cuenta de esto. Bueno algunos si se dan cuenta y les da lo mismo. Porque resulta imposible todo vínculo sin asumir compromisos. Salvo que se sea un marginado social. Y esta tendencia se va manifestando poco a poco en nuestras sociedades. Porque la sociedad de la desconfianza sólo puede conducir al aislamiento, cumpliéndose aquello que decía Sartre: “el infierno son los otros”.

Sintetizando: no podemos confiar en una persona del montón ni en quien no controla sus impulsos. Es mejor dejar a los espíritus libres que lo sean.

martes, enero 09, 2018



Muchas veces se sostienen principios que se convierten en lugares comunes, clichés, y no nos detenemos a pensar en lo que cada uno en verdad representa. ¿Quién puede negar que esperamos que quienes nos rodean sean auténticos, que no traten de mostrarnos lo que no son? Cuando alguien finge lo que no es nos molesta mucho, lo llamamos hipócrita. Pero si alguien es una mala persona, ¿esperamos que sea lo que es? Resulta paradójico que nos moleste que alguien aparente lo que no es, pero que también nos moleste lo que es, como cuando alguien dice todo lo que pasa por su cabeza con el pretexto de ser sincero. Escupen: yo no tengo dos caras, digo lo que pienso. En realidad estas personas que no tienen control sobre sus impulsos no son verdaderamente sinceras, simplemente actúan una falsa sinceridad cuando en verdad están descargando sus impulsos. No tienen control sobre sus impulsos, lo que los vuelve inestables, pues un día pueden defender una posición y al otro, otra. En realidad, estas personas no poseen capacidad para pensar y formarse una opinión, porque pensar implica inhibir nuestros impulsos para elegir expresar el más adecuado según nuestros deseos. La persona impulsiva no posee capacidad de pensamiento, sólo puede expresar sensaciones, pareceres muy volátiles.

No, no queremos que la gente sea lo que es, queremos que sean buenas personas. Para ser buenas personas deberán elegir en cada momento qué hacer, lo que implica deliberación. Si hay elección, quiere decir que nos elegimos de cierta manera en cada uno de nuestros actos. Yo puedo odiar a alguien, detestarlo, pero eso no implica que lo trate mal. Por mantener un comportamiento social correcto, no estoy traicionándome a mí mismo. Si debo contratar a alguien para un puesto que implique tratar al público, no quiero que sea auténtico, quiero que posea competencias sociales que le permitan desempeñar ese puesto de la mejor manera posible. Un médico no tiene que querer a sus pacientes, pero sí debe tratarlos bien y con respeto.

Existe una falsa creencia que considera que si alguien es auténtico no debería detenerse a calcular las consecuencias de sus actos. Es una idea romántica y completamente tonta. La autenticidad no se encuentra en actuar cada uno de nuestros impulsos, se encuentra en no mentir y aceptar nuestro pasado. Una persona incapaz de controlar sus impulsos no es apta para ninguna tarea de responsabilidad. La socialización no implica tanto el modelado del comportamiento, sino en enseñar a controlar nuestros impulsos. De todos los que aparezcan en una situación elegiremos expresar aquellos que sean más correctos a nuestro juicio.

Y a pesar de que todo lo que acabo de escribir sería aceptado por la mayoría, igual no podrían controlar el impulso a seguir repitiendo la frase que titula este artículo. No tanto por falta de autocontrol, sino más que nada por falta de capacidad para pensar antes de expresarse o actuar. Nos encontramos en un periodo histórico donde el pensar se encuentra desprestigiado, donde se alimenta el romanticismo de la acción espontánea, intuitiva, la corazonada. Pero así está el mundo con gente que apuesta a actuar sin pensar seguidos por sus impulsos. Tendencia que encontramos hasta en el ajedrez, de ahí a que el juego cuya esencia sería el pensar, se ha degradado al ajedrez relámpago, donde se mueve más por impulso que por pensamiento, ya que el tiempo que se dispone para pensar es de unos pocos segundos por movida.

Todo el mundo elige una imagen de sí en la que le gustaría convertirse. No está mal, es el famoso “ideal del yo” freudiano. Si no fuera así, viviríamos en la selva, y no podríamos confiar ni en nuestra sombra. Todo el mundo quisiera ser más de lo que es, posiblemente quienes crean que no podrán, sean quienes eligen ser lo que son, profundizando sus rasgos más antisociales.

Ser auténtico no implica ser un cretino. Pero muchos así lo creen, y por eso se empeñan en serlo, porque no pocas veces son premiados por ello. El antihéroe se ha puesto de moda.

lunes, octubre 02, 2017



Cada vez que alguien quiere convencerme de que existe alguna cualidad en el hombre que lo distingue de los animales me resisto a aceptarlo. Muchos sostienen que aquello que nos distingue es la inteligencia. Pero no lo acepto porque nos diferenciamos en cuestión de grado, nada más. Hay especies que tienen cultura como nosotros, hay especies que emplean herramientas, todas las especies disponen de alguna forma de lenguaje (hasta los árboles se comunican a través de señales químicas), hay especies que poseen un alto grado de abstracción siendo capaces, no sólo de manejar conceptos sino símbolos. La inteligencia que poseemos sólo se diferencia de la de las especies inferiores en grado. Pero sí hay algo que puede ser sólo humano: el deseo.

Todas las especies poseen apetencias y necesidades que satisfacer, pero el deseo es un componente humano y sólo humano. Claro, puedo equivocarme, pero no es posible concebir el deseo en las especies inferiores, pues parecen actuar sólo bajo el signo de la necesidad. Pero el deseo humano no tiene objeto. Algunos filósofos y psicoanalistas franceses apoyados en la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel han sostenido cosas como que: el deseo es el deseo de ser deseado. En la obra de Hegel hay un capítulo que trata sobre la dialéctica del amo y el esclavo, donde se transmite la idea de que el amo está preso del esclavo porque lo necesita para ser reconocido en su ser. Sin duda que la energía que alimenta todo deseo nace del narcisismo o de la necesidad de ser reconocido. Sin embargo, este componente de búsqueda de reconocimiento no explica la naturaleza completa del deseo. Otra idea manejada por los psicoanalistas lacanianos es la de que el deseo no tiene objeto. Esta idea sí me parece más acertada, porque creo que todos la hemos vivido de alguna manera. Hemos perseguido algo que deseamos, pero al alcanzarlo descubrimos que no nos llena tal como habíamos anticipado. Posiblemente ni siquiera hayamos anticipado algo. Perseguimos algo sin saber porqué, sólo necesitamos hacerlo. El camino se vuelve más importante que la meta. Pero además, el deseo mantiene esclavizadas a las personas de forma tal que la razón queda completamente anulada. Tenemos dos ejemplos concretos, uno de hace cerca de un año y otro de hace un día. El Brexit en el Reino Unido y el Referéndum independentista catalán. El Brexit es uno de los mayores errores políticos del Reino Unido, no hay forma de explicar qué movió a esa gente a votarlo, al punto de que ahora no saben como llevarlo adelante. Pero un fuerte deseo nacionalista los llevó a embarcarse en el peor error histórico de sus vidas. Lo mismo pasa con el independentismo catalán, el nacionalismo exacerbado los empuja en una dirección, que alcanzada los conduciría al peor escenario posible para ellos. Pero el deseo ha tomado el control sobre esta gente y nada puede detenerlo, es más, tratar de detenerlo sólo lo fortalecería.

Pero así actúa el deseo en el hombre. Los hindúes persiguen la extinción del deseo considerándolo el culpable de todos los males de la humanidad. Pero sin deseo, morimos. Lo podemos apreciar en los grandes maestros hindúes, que parecen estar muertos en vida. Claro, algunos dicen experimentar una intensa felicidad fruto de la autorrealización. Pero creo que una felicidad vacía es un sinsentido.  Pero sí, las religiones nacidas en la India buscan la extinción del deseo y la muerte para detener la rueda de las reencarnaciones. Los hindúes no la han tenido fácil en su historia, que buscaran alguna forma de escapar de la vida puede entenderse. Curiosamente, sólo es posible perseguir algo así cuando el deseo se engancha en la idea de la muerte del deseo.

El deseo en esencia no tiene objeto, pero tratará de engancharse en objetos razonables. Cuando alguien persigue el dinero no decimos que el deseo lo mueve sino que es alguien ambicioso. El amor es, muchas veces, deseo concentrado.

Cuando el deseo se engancha a cosas reales, puede extinguirse al alcanzar aquello que busca y quedar en evidencia la esencia del deseo, en estos casos comienza a debilitarse al llenarse de realismo. Pero algunos han encontrado una forma de mantener el deseo vivo por siempre, la formula es muy sencilla: engancharlo a objetos fuera de este mundo. El gran éxito de las religiones pasa por haber encontrado la forma de enganchar el deseo en cosas fuera de este mundo, al resultar inalcanzables el deseo no puede sufrir el desgaste de la realidad.

¿Por qué la naturaleza ha puesto el deseo en nosotros? Porque sin éste la humanidad entera podía desaparecer. La mayor inteligencia nos brindó una ventaja adaptativa, pero también un terrible problema: la conciencia de nosotros mismos. Algunas especies inferiores poseen también autoconciencia, hasta pueden reconocerse en un espejo, pero en el hombre es demasiado aguda. Esto acarrea un gran problema. Camus, el filósofo existencialista dijo alguna vez que el verdadero y único problema de la filosofía era el de decidir si debíamos seguir vivos o suicidarnos. Posiblemente el pueblo que más ha desarrollado la mente parece haber sido el hindú, y justo ellos con esa gran autoconciencia o despertar, son los que defienden el morir en vida extinguiendo el deseo.

La autoconciencia puede resultar muy dolorosa, porque al despertar de las falsas ilusiones que sostienen la vida de la mayoría de las personas, se cae en un nihilismo difícil de sobrellevar. Posiblemente el número de suicidios en personas inteligentes sea muy elevado. Es más, muchos grandes filósofos han muerto así. Especialmente en Francia, la cuna del existencialismo.

Es un hecho comprobado de que la inteligencia no abunda en este mundo. Habría que preguntarse el motivo. Poseemos un grado de inteligencia tecnológico que nos permite adaptarnos mejor que el resto de las especies, al punto de habernos convertido en una plaga planetaria, sin embargo, como lo hemos visto en los ejemplos que he puesto de nacionalismo extremo, la irracionalidad domina al hombre. Es que si no fuera así, podríamos terminar suicidándonos como parecen querer los viejos hindúes. Si no existiera el deseo para arrancarnos de nosotros mismos y engancharnos en objetivos externos, muchos de ellos colectivos, no nos moveríamos por nada.

Cuando un grupo de personas están dominadas por un deseo se vuelven completamente irracionales. Lo vemos en los fundamentalismos religiosos y políticos de todo tipo. Las personas inteligentes con capacidad para pensar por sí mismos, quedan excluidos de estos movimientos y de casi todo. Pensar por uno mismo implica hacerlo en contra del grupo, que generalmente sostiene principios irracionales como fundamento. A veces son buenos estos principios, pero ello no quita que sean irracionales en su esencia. La democracia parece ser un principio bueno, pero consiste en un sistema de gobierno donde los menos inteligentes determinan el futuro de los pueblos. No voy a decir que haya que acabar con la democracia, pero como puedo pensar por mi mismo y me importa poco cómo caigan mis palabras, sí me atrevo a decir que hay que mejorarla de alguna manera, una de las mejores formas de hacerlo es con una excelente educación y, enseñando a pensar por uno mismo en lugar de adoctrinar, como ocurre en países con fuerte tendencia nacionalista.

En fin, creo que la naturaleza nos dio inteligencia para sobrevivir, pero como se le fue la mano nos dio el deseo para neutralizarla. Siempre que nos encontremos bajo el dominio del deseo podemos estar seguros de que nuestra inteligencia estará bloqueada. Pero sin deseo, podemos terminar muertos en vida. Encontrar el justo equilibrio resulta muy difícil, lo que explica el dolor de vivir de tantas personas.



El problema de aprender de la experiencia es que con cada aprendizaje se muere un poco.

domingo, septiembre 03, 2017



Todos hemos pasado por la experiencia de que aquello que creemos que le da sostén a nuestra vida se derrumba como un castillo de naipes. Claro, luego de un tiempo y superado el duelo levantaremos otro, pero esta vez, si somos medianamente inteligentes, lo haremos con la conciencia de que estamos levantando otro castillo de naipes. Luego de dos o tres derrumbamientos, aceptamos en el fondo de nuestro ser, que la realidad es ilusoria, que aquello que consideramos importante, lo es sólo para darnos importancia a nosotros mismos. Perseguimos grandes causas para valorar nuestros actos y darnos importancia. Lo vemos claramente en los jóvenes, aferrándose a grandes causas humanitarias para sentir que lo que hacen es importante, y si lo que hacen es valioso, ellos también lo serán.

Este impulso jamás muere del todo, pero con la edad, se relativiza. Pero aún así, se mantiene para darnos sustento. La famosa “autorrealización”, no consiste en otra cosa que hacer algo que consideramos de valor. Sostenemos la falsa creencia de que nuestra “obra” nos define, y si llegamos a dejar algo de valor, nosotros seremos valiosos. El componente “narcisista” de la personalidad es necesario para darle sostén a la vida de las personas, sin esta energía no habría obra, no habría cultura, no habría nada.

Pero cuando tomas conciencia de este proceso y, junto a éste, dejan de importarte las personas, cuando no te importa qué puedan pensar de ti y sientes que te gustaría vivir en una isla alejado de todo el mundo, cuesta frenar a los vientos que puedan derrumbar tu castillo de naipes.

Mucha gente lo hace, gente que puede hacerlo, claro. Y para hacerlo se necesita no estar preocupado por el dinero. Si la gente no te importa, si lo que piensen de ti menos, y si además, no necesitas a nadie porque eres independiente, deberás encontrar un lugar para vivir donde no hayan vientos fuertes.

Es como vivir sabiendo que se está algo muerto, pero sin importarte ello. Hace unos días vi en un periodístico entrevistar a un político famoso, pero ya algo retirado de la política. Debe tener unos 75 años o más. Se lo veía bien de salud, sin embargo, en un momento va a decir algo como: “si me da el tiempo de vida podré presenciar tal cosa”. Pero interrumpe su frase a la mitad para agregar, que si se le terminara el tiempo no lo consideraría algo tan nefasto, todo lo contrario. Claramente se percibía un deseo, nada oculto, de poder descansar.

Las personas menos inteligentes pueden mantener por más tiempos las falsas ilusiones, todas lo son. Son los eternos jóvenes, son los que dicen tonteras del tipo: si te sientes joven lo eres. Lo vemos en esos artistas que cuando comienzan a aparecer las primeras arrugas comienzan con las cirugías plásticas. Ayer leí una nota donde se contaba que Sean Connery había reaparecido en un evento deportivo (como espectador, claro). Vi la foto, está muy viejo, tiene 87 años y le cuesta caminar, un amigo lo acompaña y lo ayuda a moverse. Este hombre supo cuando retirarse. No resulta infrecuente que los artistas ingleses acepten que tienen fecha de caducidad, y que se retiren a tiempo. Los norteamericanos no, Silvester Stallone sigue boxeando con su Rocky y seguirá haciéndolo hasta los 100 años. Claro, dirán, pero si su cuerpo le da, es excelente que lo haga. Pero no pasa por ahí la cosa, pasa porque una persona de 70 años persigue lo mismo que cuando tenía 18. Una cosa es sentir que se tiene energía, otra muy distinta querer a los 70 lo que se quería a los 18. Quedarse congelado en el tiempo no es bueno. Pero en fin, si alguien quiere y puede, que lo haga, mientras su castillo de naipes resista, da lo mismo.

domingo, julio 16, 2017



Las emociones crean nuestra realidad.

sábado, junio 24, 2017



Mirando hacia el pasado lo que ha sido Cuaderno creo que el hilo conductor de la mayoría de los artículos ha sido el de denunciar falsas creencias fruto de la incapacidad de las personas de pensar por sí mismas. Muchas veces he dicho que el mundo está como está, no porque hayan unos malos responsables de ello, sino que la causa se encuentra en las mismas personas que, cuando actúan en grupo parece que siempre se equivocan. He dicho también alguna vez que para pensar por uno mismo es necesario hacerlo contra los grupos en los que nos encontramos. Pensar por uno mismo es casi siempre hacerlo en contra de los demás y romper con los lugares comunes.

Un grupo se caracteriza por poseer una identidad que le da sentido, lo que implica un pensamiento unitario aceptado por la mayoría, porque quien lo cuestione (salvo que sea el líder) pierde la razón de continuar en el mismo. Todo gran grupo siempre se ha caracterizado por negar la libertad de pensamiento, porque ejercerla pone en riesgo la existencia del mismo. Los grupos religiosos la tienen fácil con el recurso a la fe, donde se debe aceptar el dogma y punto, sino, serán excomulgados. Cuestionar el dogma implica perder la fe, y perder la fe se castiga con la expulsión del paraíso.

Pero esto que ocurre en los grupos religiosos ocurre en casi todos los grupos. Sólo el líder puede interpretar los dictados de Dios e incentivar algunos cambios de dirección, que siempre lo beneficiará a él. Se habrán dado cuenta del sarcasmo, supongo. Pero es ley que toda dirección marcada por los líderes curiosamente los benefician primero a ellos. Basta con ver lo que ocurre con los gobiernos populistas.

Sin embargo, lo que ocurre con los grandes grupos ocurre con los pequeños. No digo nada que no se encuentre ya dicho en las primeras páginas de cualquier manual de sociología. Lo que posiblemente no sea tan evidente pase por lo inconsciente de este proceder, fundamentalmente en las personas más básicas, las que primero se mueven y luego piensan, o no.

Pensar por uno mismo siempre será un riesgo, riesgo al rechazo. Será más conveniente buscar la aprobación de los demás antes que la desaprobación. La vida de muchas personas depende de ello. Un grupo ofrece pertenencia e identidad, a veces hasta propósito. Arriesgarse a perder todo esto encontrándose en una posición vulnerable no parece buena idea. Por ello, la mayoría de los grandes pensadores de la historia, han comenzado a expresar su pensamiento desde la distancia. Primero se alejan del mundanal ruido, luego se independizan, de manera que no necesiten de la aprobación de nadie para subsistir, luego piensan y más tarde exponen su pensamiento. De cualquier manera, siempre he sentido que tras un pensador filosófico se encuentra la pulsión de muerte empujándolo.

Todo ocurre como si quien desafía el statu quo reinante estuviera cometiendo un acto de suicidio, público, claro, pero suicidio al fin. Hay personas que andan por la vida con un blanco en la espalda y un cartel que dice: mátenme.

Con esta introducción fácilmente puede entenderse la estupidez universal que parece gobernar en este mundo. O se sigue la corriente o se pagan las consecuencias. De esta manera, los menos inteligentes, que siempre serán la mayoría, marcarán el rumbo del mundo en beneficio de sus líderes, que sólo estarán preocupados por su propio beneficio, confiados en que las ovejitas lo seguirán, porque para ellos será el pasto del cielo cuando la causa triunfe.

miércoles, mayo 10, 2017



He visto que, principalmente en las redes sociales, la comunicación se emplea de tres maneras distintas predominando la primera de ellas.

Uno de los usos más frecuentes de la comunicación en las redes sociales es el de la descarga. La gente descarga su frustración en las redes. Es como una función terapéutica sin serlo, porque la descarga expresiva alivia sólo momentáneamente, construyendo un estilo de expresión que se vuelve adictivo y tóxico. Una descarga alivia momentáneamente, pero al no resolver los problemas que alimentan la frustración y puede que hasta llegue a aumentarla, exigirá repetirla una y otra vez, cada vez con más frecuencia e intensidad, convirtiéndose en una forma de comunicación habitual. Lo peor de todo es qué, como no son pocas las personas fuertemente frustradas en el mundo y que comparten fuentes afines de dolor, la interacción en esta modalidad de descarga se multiplica y realimenta cada vez más. Contra un novi@, contra un patrón, contra un político, contra lo que sea. Porque una vez que la frustración crece irá sumando objetos que la puedan sostener.

La segunda modalidad sería la más sana, aquella donde el fin de la comunicación es la comunicación en sí misma, donde pueden compartirse desde intimidades hasta intereses comunes. En este tipo de comunicación las personas se involucran personalmente, pues son comunicaciones de tú a tú. En el primer caso la comunicación es de mí hacia todo lo malo que hay en el mundo, porque tiende a despersonalizarse el objeto de frustración generalizándolo. Pepita se pelea con su novio y en la modalidad de descarga expresará lo malo que son los hombres, cómo engañan a las mujeres, etc., en lugar de hablar directamente de su novio. En la modalidad de descarga el objeto malo se generaliza, Pedro se convierte en los hombres, Juan el político en los políticos, María la doctora en los doctores, etc.

La tercera forma resulta más compleja y se da en personas con personalidades psicopáticas capaces de tomar distancia de los vínculos y emplearlos manipulativamente sin involucrarse realmente en ellos. Son las personas con una personalidad seductora que se comunican para lograr algún propósito definido. Difícilmente expresen emociones que los desborden, porque no se comunican en la modalidad de la descarga. No necesitan descargar nada porque simplemente no viven reaccionando a las cosas, sino que mantienen el control. Pueden experimentar presiones que los llevan a resolverlas, son estrategas antes que llorones. Quien se expresa en la modalidad de descarga no resuelve problemas, sólo se queja de ellos como un niño esperando que alguien los resuelva. Ellos no pueden resolver nada porque viven en un estado de desvalimiento. Son víctimas permanentes.

La diferencia entre experimentar frustración y presión ante los problemas es muy importante. La frustración lleva a la queja, la presión a la resolución del problema que genera la presión. Es más, estos últimos encuentran la presión como fuertemente motivadora, los llena de energía para hacer cosas, el llorón, en cambio, sólo busca formas de escape o que alguien le dé ánimos y le palmeé en la espalda dándole la razón, porque es lo que espera. En la modalidad de descarga el comportamiento expresivo tiene dos propósitos: llegar a quien genera la frustración hiriéndolo de alguna manera, y que alguien les dé la razón. Se busca apoyo y aprobación.

Las personas que se relacionan en la segunda modalidad se vinculan de tú a tú, buscan amistad, compartir intereses comunes, etc. Las que se relacionan en la tercera modalidad, emplean las redes sociales como medio operativo, son profesionales que dan a conocer sus servicios, empresas, etc. Se vinculan desde un rol antes que como personas concretas, salvo que su personalidad sea el medio para alcanzar lo que buscan. por ejemplo, un escritor que desee dar a conocer su trabajo, un político su gestión, etc.

Terminando el artículo no pensaba decir más nada del primer estilo, ya que constituye un estilo patológico que sólo genera más problemas que soluciones. Las redes sociales no cumplen propósitos terapéuticos. Revelar intimidades entre amigos es una cosa, revelarlas a gente desconocida en las redes, no. Es más, luego estas intimidades podrán ser empleadas en contra de quienes las revelen. En general representan a personas con pocas destrezas sociales enojadas con el mundo, que se comunican de esta manera tanto en las redes como en su vida cotidiana con quienes las rodean. Terminan convirtiéndose en lo que se conoce como personas tóxicas, pues, o se entra en su juego acompañándolos en sus quejas eternas, o se entra en conflicto con ellas al tratar de hacerlas entrar en razón. De cualquier manera su toxicidad termina por aislarlos cada vez más de quienes los rodean o, terminan rodeándose de personas semejantes.

lunes, marzo 27, 2017



Un comportamiento ético es aquel que se basa en principios y se lleva adelante aún cuando hacerlo puede perjudicarnos. Es esencial este punto, porque hay quienes justifican un comportamiento no ético porque creen que hay un motivo o razón para ello. Tú confías en alguien cuando sabes que se comportará como debe aún cuando ello le perjudique. Hacer lo que nos conviene lo hace todo el mundo, pocos son los que hacen lo que se debe hacer aún cuando ello los perjudique.

Alguien que hace algo reprobable esgrimiendo una razón de conveniencia es alguien en quien no se puede confiar. Lo curioso es que mucha gente actúa de esa manera justificando su comportamiento como excepción debido a las circunstancias. Lo peor de todo es que muchas de estas personas gustan de enarbolar continuamente la bandera de la ética.

No es de extrañar ese comportamiento, el psicoanálisis ha mostrado cómo las personas que viven señalando a los demás sus errores y hablando de lo buenas personas que son, son precisamente las que más fallas éticas tienen. Es más, hasta es tema recurrente en el cine. Un superyo crítico siempre antecede a un comportamiento no ético. Se le conoce como hipocresía. En los ambientes religiosos es donde más vemos este tipo de cosas. Gente que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Siempre que alguien defensor de la ética pretenda justificar un comportamiento no ético porque no le convenía, díganle que la ética se basa en principios y no en conveniencias personales. Y por esto es por lo que el comportamiento ético es tan difícil de encontrar, porque no conviene a la mayoría, y la mayoría hace sólo aquello que le conviene.

Un comerciante sabe que si vende un producto fallado, debe reponerlo y compensar al comprador aún a costa suya, porque sino su nombre quedará marcado para siempre y los clientes perderán la confianza en sus productos. De poco le servirá defenderse con que no le conviene resarcir a su cliente por el producto fallado, porque la gente espera que actúe de forma correcta y garantice sus productos.

Así es con todo el mundo. Se espera que las personas hagan lo que deben hacer, especialmente cuando ello les perjudique, porque ahí es donde la ética queda plenamente justificada. También se espera que quienes no lo hagan por lo menos no sean tan hipócritas como para pasearse por el mundo con la bandera de la ética cuando ya han perdido la confianza de todos.

domingo, marzo 05, 2017



La esencia de lo inconsciente consiste en retornar.

viernes, marzo 03, 2017



Somos nuestra historia, por eso es tan difícil cambiar.

jueves, febrero 23, 2017



Sólo podemos odiar a alguien por no ser como queremos que sea.

martes, enero 31, 2017



Su nombre ya nos transmite una idea básica: es un movimiento de masas. Que sea un movimiento de masas nos revela que apelará a lo más básico de la especie humana, ya que los movimientos de masas son activados por emociones muy primitivas. Se tiende a pensar que el populismo es de izquierdas cuando no es así, hay populismos de izquierdas y de derechas, pero todos con una estructura de funcionamiento idéntica. Para concertar a las masas un líder populista debe tener un discurso simple, accesible a todos, especialmente a quienes poseen menores recursos intelectuales. Un movimiento populista nace para gestionar la ira, y se alimenta de ella encauzándola hacia los intereses de la cúpula dirigente.

Si hablamos de ira hablamos de alguien o algo que la provoca, por lo tanto un movimiento populista nace contra un enemigo común: el hombre en el caso del feminismo, el capitalismo en el caso del comunismo, el comunismo en el caso del capitalismo, el terrorista, el judío, el alienígena, el inmigrante, etc.

Como un movimiento populista depende de la gestión y concentración de la ira lo primero que SIEMPRE encontraremos será un ENEMIGO COMÚN. El populista se define por la peligrosidad del enemigo común, a quien hay que destruir completamente. (Generalmente para ocupar su lugar)

Todo movimiento populista-fascista se define por su enemigo, de aquí a que el discurso deberá ser simple y panfletario: hay que destruir al enemigo porque si no lo hacemos él nos destruirá a nosotros.

Sobre esta base tan simple siempre se han construido los populismos. No hay más secreto.

Claro, si el enemigo es tan peligroso y hay que destruirlo, entonces habrá que canalizar la ira a través de una militancia que pueda convertirse en un movimiento de combate. Los morados en España conforman un movimiento de presión muy importante, actúan concertadamente en las redes sociales, pero Iglesias en algún momento quiso sacarlos a la calle para meter miedo. Tuvimos a las juventudes nazis, comunistas, la Cámpora en Argentina, los tupamaros en Uruguay, etc.

En España en los debates entre Rivera e Iglesias, Rivera señalaba una y otra vez como desconcertado el enojo permanente de Iglesias. Pero este enojo es el que define a estos movimientos, deben esgrimir ante su militancia una actitud de lucha, y mientras más agresivos se muestran más escalan en la jerarquía de mando.

Para pertenecer a estos grupos hay que mostrarse muy enojados, el sindicalista crece a partir de la intensidad de su enojo contra la supuesta opresión de los capitalistas. La feminista crece odiando al hombre que, supuestamente la domina. El camporista crece mostrándose enojado, no importa contra quién porque no poseen mucha capacidad de discriminación,

Pero si el enojo es la base de un movimiento, será necesario amplificarlo al máximo, para ello se crea una literatura de odio. ¿Recuerdan 1984? Los hogares estaban vigilados por un gran ojo representado por una televisión, y todos los días había que cumplir con el ritual de los 5 minutos de odio, donde la población debía mostrar su enojo ante el supuesto enemigo común.

De esta manera se desarrollan teorías explicativas, argumentos que los enojados podrán esgrimir contra los representantes de su enemigo común.

Un odio generalizado es la base y fuerza motriz de todo populismo, nadie en estos movimientos puede criticar a los líderes ni la naturaleza perversa del enemigo común. Se creará una policía del pensamiento atenta al pensamiento libre, pues movimientos tan básicos y primitivos no pueden permitirse el libre pensamiento o la duda. O están con nosotros o en contra. Así se presentó la nueva representante de EEUU en las Naciones Unidas, “tomaremos nota de quienes se opongan a nosotros”.

Con una épica revolucionaria se presentan y arrastran a todos los que pueden en su campaña de odio, sin permitir la oposición o el libre pensamiento. Da lo mismo que digan: “soy feminista”, “soy comunista”, “soy nazi”, “soy camporista”. Todos esgrimen el mismo odio, todos están cortados por las mismas tijeras, todos se comportan siguiendo los mismos patrones, todos quieren meterle miedo a quienes se oponen a ellos. Y todos sus líderes siempre emplean la bandera de la causa, no para beneficio de todos, sino sólo para el de ellos. Los Castro en Cuba eran y son dueños de todas las riquezas. Maduro en Venezuela ni hablar. Estos líderes emplean la causa para beneficio personal siempre.

En fin, todos los populismos tienen el mismo patrón de maldad e inmoralidad, a pesar de decir que son los únicos defensores de la moral y la ética. Son espacios de odio donde además, se adiestra en el arte de odiar con ejercicios y rituales diarios. Siempre en actitud de lucha a muerte.

Entonces, si deseas construir un movimiento con base populista lo primero que debes hacer es identificar al ENEMIGO. Es esencial este paso porque todo dependerá de que lo hagas bien. El ENEMIGO debe ser fácilmente identificable y ser muy malo. Mientras mejor descrito esté, y mientras más malo sea, con mayor facilidad se podrá crear una respuesta emocional en su contra. Una vez cumplido con estos pasos deberá crear un plan de acción, no necesita ser demasiado complejo, es más, mientras más simple sea mejor. No tema a cometer errores o desdecirse de lo que dijo ayer, porque si ha logrado generar rabia contra el ENEMIGO todo se le perdonará. Todo se le perdona a quien lucha contra los enemigos de la patria. Además, recuerde que sus seguidores no lo siguen a usted por ser muy inteligentes, sino más bien por lo opuesto.

domingo, enero 29, 2017



Frederick Perls (creador de la terapia Gestalt) no se preocupaba por el contenido ideacional de sus pacientes paranoicos, sostenía que la mayoría tenía razón en sus sospechas paranoicas, pero que el paranoico tenga razón no implica que no esté equivocado. ¿Por qué? Porque la mayoría de las personas son conscientes de que muchos de sus allegados guardan malas intenciones con ellos, pero no reaccionan como el paranoico. Me da lo mismo que alguno de mis vecinos quiera matarme o pueda hablar mal de mí, ya que no podrá matarme y me importa un comino lo que pueda hablar de mí.

¿Qué diferencia al paranoico del resto de las personas? Que el paranoico no está realmente reaccionando a las señales de mala intención de sus supuestos perseguidores, sino que reacciona a partes disociadas de su personalidad, formadas en experiencias pasadas. A ver, seré más claro, Pedro puede decir que Juan lo acosa, y ser cierto, y su respuesta ser acertada. Pero el paranoico siente que es acechado no sólo por una o dos personas, sino que por la mayoría, es más, aún estando solo se siente acechado, porque esa instancia que lo acecha es propia. El paranoico se siente acechado siempre, tiene sueños donde es perseguido constantemente, cada ente en su vida lo experimenta como peligroso. Se sentirá perseguido por las personas que lo conocen, pero también por instituciones, o cualquier cosa que pueda personificarse de alguna manera para él. por este motivo, cuando un paranoico iba a la consulta de Perls, a Perls le importaba muy poco el contenido esgrimido por el paranoico para justificar sus temores, porque el problema era intrapsíquico. Los elementos externos al paciente sólo operaban como disparadores de sus temores, temores que ya estaban preconfigurados por el paciente.

Este proceso donde alguien reacciona inadecuadamente a un disparador (digo inadecuadamente y no exageradamente, porque a veces una respuesta emocional peca por exceso o por falta) debe alejar al disparador como causa del problema y se deberá prestar atención a la forma de respuesta del individuo. Estas respuestas inadecuadas tienen varias características comunes que la definen como síntoma en una consulta psicológica. Primero toma el control de la persona, cuando se dispara esta respuesta la persona pierde su libertad, se siente dolido/a, en peligro, su vida queda polarizada por el tinte afectivo de la respuesta emocional. En segundo lugar esta respuesta es rígida en forma e intensidad. La persona esgrime la misma respuesta a estímulos parecidos Por eso podemos definir a partir de la respuesta, a la persona, y decir cosas como: es un paranoico, es un depresivo, es un desconsiderado, es agresivo, etc. Porque tiene un patrón de respuesta similar para una gama amplia de estímulos con poca capacidad de discriminación, porque una vez que la emoción lo controla ya queda cegado a todo. Se ha vuelto loco.

El concepto de locura no es un concepto científico, pero todos lo entendemos. Nos damos cuenta si Pedro o María han enloquecido en algún aspecto de su vida. Nos llega María en un estado emocional muy alterado porque se peleó con su novio, cuando nos cuenta el motivo de la disputa nos damos cuenta de que no es suficiente para que María se encuentre como se encuentra. Si ocurre una sola vez, o unas muy pocas, no pasa nada, pero si María nos llega todos los días en ese estado por culpa de su novio, hay que olvidarse del novio, hay que sacarlo de la ecuación, porque el problema se encuentra en María y sólo en ella. Si conocemos a María de mucho tiempo atrás, y resulta que ella entra en estos estados con todos o casi todos, y repite las mismas historias, hay que ver el problema en María y sólo en ella. Los novios sólo han sido elegidos para servir a un propósito en la vida de María, ocupar un rol en un conflicto intrapsíquico. María actúa su conflicto interno con estos novios escogidos inconscientemente para tal propósito. Se dice que los problemas de parejas son de dos, a veces sí, pero la mayoría de las veces no, son de uno, sólo de uno, de aquel que enloquece una y otra vez.

Los conflictos inconscientes actúan como imanes para atraer a aquellas personas que pueden ocupar un rol concreto en el drama escenificado por el conflicto. Si María les cuenta de su terrible drama con Juan, verán que si indagan un poco ese mismo drama lo ha tenido con casi todos los novios importantes en su vida. Si Juan enloquece con Pedro, un compañero de trabajo que le hace la vida imposible, al indagar verán que en la vida laboral de Juan han existido muchos Pedros con perfiles casi idénticos.

Una persona sólo enloquece, y agregaría que repetidamente, cuando un conflicto intrapsíquico se activa. El estímulo desencadenante no será jamás la causa real, de ahí que pretender solucionarlo de alguna manera jamás resolverá el problema de fondo, que siempre será el conflicto inconsciente. Por este motivo, cuando se me acerca alguien en pleno brote psicótico, ignoro la causa esgrimida por esta persona evitando involucrarme en el conflicto tomando partido por las partes, porque de seguro que al hacerlo me equivocaré y, para peor, puedo pasar a formar parte del conflicto inconsciente adquiriendo rango de estímulo desencadenante en la locura de esta persona.

Por este motivo, todo loco está equivocado hasta cuando tiene razón, porque su locura depende de ese conflicto interno y no de la causa esgrimida por el loco. Porque las tormentas emocionales generan sus propios vientos justificativos.

viernes, enero 13, 2017



En el fondo la verdad es una mentira convincente.

viernes, diciembre 30, 2016



La filosofía ha muerto porque ha dejado de tener sentido en un mundo sin sentido. Sólo en un mundo bizarro, Trump puede llegar a ser presidente de EEUU.

La condición de posibilidad de la filosofía es que lo real sea racional, en un mundo de caricaturas pierde sentido.

Heidegger habló de dos modalidades de la existencia: la auténtica y la inauténtica donde viven la mayoría de las personas la mayoría del tiempo. A la existencia auténtica se llegaría a través de la angustia, sentimiento que emerge ante la posibilidad de dejar de ser. Esas situaciones que llevan a experimentar el agobio por la falta de sentido conduciría a la existencia auténtica, al menos imaginariamente. En estos estados es cuando se puede acudir a la psicoterapia, a la religión, o a cualquier secta o movimiento que otorgue sentido a la vida, pero por sobre todo importancia a uno mismo.

Vivimos en un mundo de caricaturas. Para vivir en un mundo así se debe ser una caricatura, en esto consiste la existencia inauténtica, en tomar por importantes cosas que no lo son, en vivir en piloto automático. Heidegger anunció este estado de cosas, pero no pudo sustraerse del mismo cayendo en el nazismo.

En esencia hoy una persona es sólo un perfil gastado de facebook, tal vez por este motivo para ingresar a los EEUU se exigirá revelar los usuarios de las redes sociales. En un mundo de caricaturas, en un mundo bizarro, el rey caricatura debe gobernar, así payasos como Trump, Chávez, Maduro, etc., alcanzan el poder por ser los reyes caricaturas un sus respectivos mundos. Es como si la gente votara al más ridículo para denunciar lo ridículo del mundo y de su existencia. En esencia un populista es quien acentúa lo ridículo escenificando el sinsentido de las cosas y de su vida. ¿Cómo? Transgrediendo las costumbres que se respetan por tradición, mostrando cómo la transgresión por sí misma no genera castigo, sino que por el contrario hasta puede aplaudirse. Un candidato serio pretende destacar la importancia de su función, un populista se ríe de la gente mostrando que nada es sagrado. La realidad pasa a ser el relato construido a imagen y semejanza del que lo crea y de lo que la gente quiere oír. La verdad deja de tener importancia en un mundo de caricaturas y sin sentido. De esta manera se desarma a quien quiere armarse con la verdad, al mostrar que ésta no importa, da lo mismo una cosa u otra, da lo mismo el relato ficcional que el relato verídico, los tontos no pueden distinguirlo, pero lo peor es que ni les interesa.

Caricaturas consumistas, drogadictos del aquí y el ahora que pretenden anular su conciencia de sí mismos para tolerar el sinsentido de sus vidas son el caldo de cultivo de estos líderes bizarros. En un mundo así la filosofía no tiene sentido, no se necesita más filosofía que la de Tolkien para adornar una existencia anodina.

La verdad a nadie le interesa, sólo quieren pasar el rato entreteniéndose con lo que se tenga a mano.

domingo, diciembre 04, 2016



Para el profano y también para muchos psicoterapeutas la curación psíquica es un proceso que se lleva a cabo en una persona, la curación implicaría lograr algún cambio de comportamiento en quien está sufriendo.´Todos los psicodiagnósticos se realizan sobre una persona, no sobre su ambiente. Sin embargo, el síntoma siempre está sostenido por el medio en donde se encuentra el sujeto sufriente. Un síntoma siempre constituye una respuesta de algún tipo a un estímulo externo. No existen síntomas en solitario, aunque puedan parecerlo, pues el síntoma constituye la respuesta a un estímulo. Siempre podrá rastrearse hasta el momento donde se disparó por primera vez el síntoma y aislarse qué lo disparó.

Los psicoanalistas tienden a considerar la patología psíquica como un problema interno, un conflicto intrapsíquico y el tratamiento consiste en resolver este conflicto interno para que el sujeto pueda desempeñarse mejor en su medio ambiente al no exteriorizar un problema interno fuera de él. La idea que domina al psicoanálisis puede resumirse en que el sujeto neurótico exterioriza un conflicto interno con las figuras paternas o que estuvieron presentes en la formación del sujeto proyectandolo en las personas que actualmente lo rodean. He simplificado mucho, pero no me alejo de la idea central. (No tomo en cuenta las psicosis porque constituyen una estructura distinta.)

Con esta concepción de la enfermedad mental no extraña que los tratamientos psicoanalíticos duren 10 ó 15 años. Porque se aparta de la ecuación de la enfermedad mental la mitad del problema, y que no llega ni a tocarse.

Veamos, un síntoma constituye una respuesta a un estímulo, por lo tanto a la hora de considerar a un paciente hay que tener en cuenta al ambiente que provoca y sostiene al síntoma. Gabriel Rolón, el psicoanalista argentino dice en uno de sus libros que la realidad real no le importa, que le interesa la realidad psíquica, no le importa cómo fueron los padres y el ambiente reales del paciente que originó el problema, sino aquello que siente haber vivido. Por eso, si un par de hermanos tienen una visión distinta de uno de sus padres, no le interesa averiguar cómo era realmente el padre o la madre, sino la imagen que el paciente tiene de estos. Se equivoca enormemente, sabemos si alguien distorsiona una percepción al contrastar con la realidad. Por ejemplo, interesa saber si un paciente sufrió una agresión real o no. Pero para Rolón parece que no, se conforma con lo que el cliente cree.

Un síntoma constituye una respuesta errónea a un estímulo, respuesta muchas veces rígida e inmodificable. Una respuesta acorde al estímulo no constituye un problema. Si alguien sufre por la muerte de un ser querido, no está enfermo. Pero si 10 años después sigue sufriendo de la misma manera sin haber hecho el duelo, sí presenta un problema. Claro, los tontos pueden decir: ¿en qué consiste una respuesta adecuada a un estímulo? Y perderse en definiciones bobas para proteger al sujeto de la imposición de comportamientos ajenos a éste. Es el gran tema de la directividad o no directividad. Dilema tonto debido a que una persona puede elegir cuando está en condiciones de hacerlo porque posee experiencia y destrezas acordes. No podemos dejar que un niño de 5 años decida si quiere o no ir al colegio, porque no querrá ir y punto. Tampoco qué puede comer, porque no posee el conocimiento necesario para elegir su propio alimento. Muchos pacientes no están en condiciones de elegir por sí mismos. De cualquier manera no voy a extenderme en estos debates que el simple sentido común resuelve.

¿Qué implica tomar al medio que sostiene el síntoma como parte del problema? Que no podrá pensarse en una curación si el medio no termina siendo modificado de alguna manera. Puede que el paciente adquiera las destrezas para lograrlo, o que el terapeuta de alguna manera colabore en esta modificación o, que simplemente se dé el cambio espontáneamente; una persona que irrita al paciente en el trabajo puede un día renunciar y salir de la vida de éste, por ejemplo. Es más, muchas neurosis se curan solas, es más, se curan más rápido que en un tratamiento psicoanalítico, ¿por qué? Porque el ambiente cambia espontáneamente y el paciente puede abandonar el síntoma, y lo hace, o abandona los ambientes que le generan problemas. Esta es una de las grandes críticas que se le hacen al psicoanálisis, que infinidad de neurosis se curan solas en menos tiempo de lo que dura un tratamiento psicoanalítico.

No estoy diciendo que la curación pase sólo por un cambio en el medio ambiente del paciente, sino por un cambio en ambos. El paciente deberá desarrollar aptitudes para hacerse cargo de los estímulos que lo sacan de sí. Por este motivo, si logra hacerlo debería poder operar sobre su medio para resolver los problemas que enfrenta. Al hacerlo, su medio cambiará. Al cambiar el entorno significativo se relaja la estructura psíquica sintomática y se da la curación. El motivo de la necesidad de ambas transformaciones se encuentra a que si el estímulo que originaba el problema volviera a darse el sujeto podría hacerse cargo del mismo y neutralizarlo.

El énfasis del psicoanálisis en la resolución del conflicto intrapsíquico descuidando el entorno que sostiene el síntoma es lo que vuelve a estos tratamientos muchas veces completamente inefectivos e interminables.