viernes, mayo 04, 2012



Trataré aquí de desarrollar un tema de enorme complejidad y para ello deberé valerme de experiencias accesibles a todos y de algunas ideas que pueden ser entendidas fácilmente.

Por ahora llamaré Proceso de Individuación a un proceso orgánico-psicológico de desarrollo humano. La idea que se transmite habitualmente es la de que cada uno puede llegar a ser lo que quiera y para ello basta con propónerselo y emplear la voluntad en la tarea formativa. Aquí es conveniente hacer una distinción entre “voluntad” y “querer”. La voluntad sirve de muy poco para hacer lo que no quiero hacer, la voluntad sólo es útil para aplicarme en aquello que quiero hacer.

Durante alguna etapa de nuestra vida debemos hacer cosas que no queremos y la voluntad es necesaria, pero no podemos vivir la vida haciendo lo que no queremos. Una persona sana es la que quiere hacer alguna cosa, sin deseo, sin ese querer hacer algo, la vida no es posible.

Esta distinción entre “voluntad” y “querer” me permite hacer otra distinción análoga entre razón y consciencia por un lado e inconsciente por otro. He dicho alguna vez que somos personas irracionales en el sentido de que los fines -o aquello que queremos o a lo que aspiramos- no los elegimos racionalmente, constituyen preferencias que se van diferenciando por diversas causas, la razón la aplicamos a los medios para alcanzarlos.

La órbita o dimensión del “querer” está fuera de la razón y pretender elegir racionalmente en esta dimensión no tiene sentido y es imposible. Queremos el sexo porque nuestra fuerza vital, nuestras pulsiones nos empujan a él, no lo elegimos. Amamos porque el amor se despierta en nosotros hacia alguna persona. Queremos a nuestros hijos porque es nuestra naturaleza y este querer se encuentra fuera de nuestra voluntad. No podemos elegir no querer a nuestros hijos cuando los queremos. Sí puede ocurrir que haya gente que no quiera a sus hijos, posiblemente por alguna debilidad constitucional en la esfera afectiva.

No podemos construirnos una vida a fuerza de voluntad, sólo podemos hacerlo en función de nuestro querer. Creo que es innecesario que aclare que cuando hablo de querer no me refiero al querer de amar a alguien sino de querer algo, alcanzar una meta, desarrollar una vocación, etc. El motor de nuestra vida es el “querer” hacer algo con ella. Sin este querer no podríamos vivir, caeríamos en la depresión. En realidad una depresión consiste en dejar de querer cosas por diferentes motivos, porque se cree que están fuera de nuestro alcance o, simplemente porque se pierde interés en las cosas que antes nos interesaban. La pérdida de intereses, aspiraciones, lleva a la depresión, que consiste en un dejar de vivir, en un perder interés por casi todo.

Lo que vengo describiendo distingue entre dos esferas, la del querer y la de la voluntad aplicada en el sentido de nuestro querer para alcanzar aquello que queremos. Pero el “querer” no surge de nuestra cabeza, sale de todo nuestro cuerpo, de nuestra vida, de nuestro organismo psico-físico en su totalidad. Nuestro querer es inconsciente y emerge desde lo más profundo de nuestro ser. Existen apetencias superficiales muchas de ellas nacidas de la propaganda y del consumismo, pero las verdaderas apetencias nacen desde lo más profundo del ser y son incontenibles cuando pueden desarrollarse.

El Proceso de Individuación es un proceso organísmico que se desarrolla según leyes internas propias muy marcadas en personas sanas. Es el proceso que regula el surgimiento de la sexualidad, el crecimiento de las personas, la formación de familias, la tenencia de hijos, los aspectos culturales, etc. Lo regula todo en el hombre. Debo destacar que no se debe confundir este proceso con el individualismo, que es un proceso distinto fruto de una tendencia egoísta nacida en algunas sociedades de corte capitalista.

El proceso de individuación es un proceso de integración de todas las partes de nuestra psique y personalidad. Una persona sana es relativamente inconsciente de sí, actúa como un todo muchas veces sin saber conscientemente qué está haciendo o hacia donde va, pero confía en sus procesos inconscientes para llevar a buen término lo que haga.

La persona superracional es una persona desequilibrada que pretende sustituir la guía que sus procesos organísmicos-instintuales deberían ofrecerle por una especie de cálculo de utilidades. La persona plena hace lo que hace porque quiere hacerlo, porque su organismo lo hace. No estoy diciendo de que sea completamente inconsciente, sino de que existe una perfecta integración entre su conciencia y su inconsciente actuando como un todo.

Hay que tener en cuenta que el Proceso de Individuación guía todo el desarrollo humano. Es el encargado de hacer crecer los huesos, los músculos, la sangre, los órganos, el que repara los huesos cuando se rompen, el que comanda al sistema inmunológico para defenderse de los microrganismos que nos invaden, el que proporciona la sabiduría organísmica, etc. Las filosofías superracionales que pretenden sacar todo de la razón, como las marxistas, están completamente equivocadas porque pretenden decirle a los distintos organismos humanos cómo deberían actuar. Nadie puede decirnos cómo actuar, pueden darnos directrices generales para encajar en un sistema social, pero si el sistema es demasiado estricto al punto de pretender matar toda espontaneidad individual, donde cada acto nacería fruto de un cálculo, terminaría por matarnos. Las comunidades donde el Estado pretende imponerse a los individuos regulando cada aspecto de sus vidas, son comunidades que matan la vida y generan terribles trastornos psíquicos.

Quien busque una filosofía que lo guíe para actuar, está perdido, la guía se encuentra en nosotros y debe desarrollarse en nosotros. Las personas sanas poseen instintos poderosos que las orientan, quien no posea esos instintos que deberían guiarlo, está perdido. Las religiones y sectas tratan de ofrecerle a las ovejitas sin rumbo un camino artificial a cambio de su sometimiento.

Cuando el Proceso de Individuación se detiene por algún motivo, sólo queda un camino, promover su desarrollo. En general, las personas espontáneamente recuperan el proceso. Pueden pasar años perdidos sin saber qué hacer, explorando todos los caminos posibles, hasta que en algún momento se encuentran, encuentran su camino, y se dan cuenta que algo en ellos los estuvo guiando durante el proceso de búsqueda.

Cuando una persona alcanza su desarrollo total todas las partes de su personalidad se integran, las inconscientes y las conscientes, pero predomina la guía inconsciente, la persona sabe qué hacer porque algo en su interior le otorga certeza, simplemente sabe qué hacer, hacia donde ir, etc. Confía plenamente en su inconsciente, en su inspiración, en sus intuiciones. Ha alcanzado la unidad total.

Por este motivo es que algunas corrientes psicológicas distinguen entre "Sí mismo" y "Yo". El Yo es esa parte de la personalidad asociada a nuestra historia vivida, es el Yo que fue a la escuela, que hizo esto o aquello. El Sí mismo hace referencia a una dimensión superior enraizada en aspectos inconscientes de nuestra personalidad: nuestro inconsciente y el inconsciente colectivo del cual emergemos. Cuando alcanzamos la madurez se pierde la noción del Yo y se experimenta como un ensanchamiento de consciencia hacia el Sí mismo. Una organización que integra todos nuestros opuestos y componentes psíquicos individuales y transpersonales.

A raíz de este tema me han formulado algunas preguntas que respondo a continunación:

La mayoría de las personas piensan que todos los organismos -salvo el hombre- tiene pautado su desarrollo por sus instintos que le indican qué hacer. Saben qué cosas pueden comer, qué hacer para construir nidos, cómo relacionarse con otros miembros de su especie, etc. Y así debe ser, porque si no fuera así ninguna especie podría sobrevivir. Es más, aún las especies con organismos que no son sociales y que viven solitarios la mayor parte del tiempo, como el tigre, tienen en sus genes la información sobre qué hacer, y tienen la “inteligencia” para adecuar la expresión genética a situaciones nuevas. Responden a la presión ambiental donde no está toda la información de respuesta en los genes pues poseen capacidad de adaptación.

Esto es perfectamente entendible, los organismos inferiores no van a escuelas que les enseñen qué deben hacer para sobrevivir, por lo que la única forma de hacerlo es naciendo con el saber necesario para sobrevivir. Pero ese saber debe contener la información más importante: no sólo debe saber cómo sobrevivir, debe saber cómo continuar la especie. Pues si así no fuera desaparecería. Los organismos que no saben cómo mantener la especie mueren sin transmitir sus genes.

La inteligencia corporal de los distintos organismos es increíble, con el cambio climático se está alterando el reloj biológico y las plantas florecen en distintos tiempos, y las crías también, hasta se ha reducido el tiempo de gestación en algunas ardillas.

Pero mientras todos creen que las especies inferiores nacen sabiendo todo lo que necesitan y que sus instintos los guiaran siempre, piensan que en el hombre eso no ocurre, que el hombre a diferencia de esos organismos nace sin instintos, salvo unas fuertes pulsiones al sexo y a alimentarse. La conclusión siguiente es que si el hombre nace sin saber y hay que enseñarle todo, quiere decir que podemos enseñarle cualquier cosa y formarlo como queramos, es más, cualquier persona puede convertirse en lo que quiera con su voluntad y aprender lo que quiera.

No es cierto, si hubiera una especie donde sus organismos no supieran qué hacer y dependieran de lo que les enseñaran los otros miembros, no sobreviviría, la especie desaparecería.

Lo que engaña el ojo es la gran amplitud de nuestras opciones. En los organismos inferiores los instintos son relativamente rígidos en el sentido de que las instrucciones para hacer lo que deben hacer parecen ser muy precisas, en cambio, en el hombre eso no ocurre, porque podemos construir viviendas muy distintas, vestir de formas distintas, construir culturas distintas, etc. Por esto se extiende la falsa creencia de que el hombre depende de la educación para formarse y que no posee instintos que lo guíen. Es más, muchas veces con la educación matan el instinto en los niños al punto que cuando adultos necesitan leer en algún lugar cuánto líquido deben ingerir al día porque la sed no puede guiarlos. O con qué ingredientes deben armar el plato de comida para alimentarse, porque sus cuerpos ya no saben guiarlos.

La verdad es que la naturaleza está en nosotros y nos guía siempre y la habilidad para construir naves espaciales está en nuestros genes, porque si no estuviera ahí, no las construiríamos.

Así como la vida de los organismos inferiores está pautada por un proceso que lo dirige, así nuestras vidas también lo están, y a ese proceso se le llama Proceso de Individuación. La gran diferencia con el de las especies inferiores es que el nuestro es más amplio y flexible porque debemos actuar en medios muy distintos, pero no se debe confundir esa amplitud con falta de instintos. Sin instintos que nos dirijan no habríamos llegado al día de hoy. La cultura es resultado de nuestros instintos, poseemos genes para ello.

Debo aclarar algo con respecto a los genes. Se piensa que la instrucción de los genes es rígida, y no es así, la expresión de los genes está modulada por algo que se llama epigenética y poseemos una inteligencia organísmica que nos hace responder a la presión ambiental con una expresión génica relativamente precisa, mientras más precisa mayor la capacidad de adaptación de la especie. Por eso, cuando una bacteria desconocida entra en contacto con nuestro organismo, al poco tiempo el sistema inmunológico prepara una defensa acorde al enemigo invasor.

Una vez escribí que sólo un tigre de papel necesita que le enseñen a cazar, y lo mismo ocurre con nosotros, creer que necesitamos aprenderlo todo es un error, a veces es más importante actualizar lo que sabemos de fábrica. Muchas patologías psíquicas se producen cuando nuestro Proceso de Individuación se detiene, cuando se pierde el contacto con Uno Mismo, y quien pierde ese contacto no sabe qué hacer ni cómo orientarse en el mundo. Un tigre que haya vivido toda su vida en una jaula, al quedar en libertad puede que no sepa qué hacer. Muchas personas se encuentran en esa situación, no saben qué hacer porque han perdido el contacto con la inteligencia organísmica que lo debería guiar. Cuando se encuentran en este estado salen a buscar guías y siempre están los vendedores de caminos, los Guías o Gurús que saben capitalizar esto. Sólo existe un camino para restablecer el Proceso de Individuación, es crear las condiciones para que la persona pueda actualizar sus potencialidades.

Carl Rogers presentaba un ejemplo muy interesante. Cuando niño vivía en una granja y en ésta colocaban las papas en el sótano para semilla, las plantas tenían brotes y estos se orientaban hacia la luz que entraba por la ventana, pero los brotes más lejanos a la luz estaban más débiles, apenas podían orientarse y algunos podían sucumbir. Pero la inteligencia organísmica se encontraba en la planta y cuando acercaban la papa a la luz el brote se recuperaba y crecía con vitalidad. Esa inteligencia organísmica la tienen todos los organismos, y puede actualizarse creando las condiciones para que se manifieste, luego seguirá sola su camino porque sabe qué hacer. Algunas personas se encuentran muy débiles y desorientadas, para peor repletas con pastillas anestesiantes, hay que crearles las condiciones para que encuentren la forma de autoactualizar sus potencialidades, luego la inteligencia interior las guiará en el resto del camino. 


4 comentarios:

  1. Después de tantos siglos de brutal alienación antropocéntrica, y en medio de la voraz enajenación tecnologicista de la actual época, hay un retorno hacia lo natural en el pensamiento científico de las Humanidades. La Madre Naturaleza vuelve a obsequiarnos sus amparos y a prodigarnos sus compensaciones, mostrándonos que sigue ahí en nuestros genes.

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  2. Anónimo5:44 p.m.

    Tengo 23 años, 1ºbachiller de ciencias, 2º de letras, depues me merti a bombero, y como seguia sin encontrar la felicidad me fui a islandia y ahora trabajo de chef en este país. Ciertamente hago búsquedas en internet sobre un libro que me inspire que me de algo que al leer yo diga "con esto me siento identificado", mi búsqueda es la felicidad, de repente me veo independizado con un sueldo muy bueno, en una zona cara de la capital con vistas al mar. Pero nada de ello significa nada para mi, lo mas cerca que estoy de ser feliz es en la naturaleza, y quisiera encontrar la mía propia . Si sabes de algún libro o colección de mismos que puedan servir a modo de semilla para desarrolar una consciencia mas amplia del entorno y del propio individuo. Los leeré con gusto. NO busco filosofías,solo esa luz que no percibe la papata en medio de la penumbra mientras vagamente intenta dar sentido a su lucha.
    Buen artículo. Un saludo!

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    1. Gracias, pero ese libro o libros que buscas no existen. Deberás encontrar solo tu camino.

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    2. Por suerte eres joven y tienes toda tu vida por delante.

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