miércoles, mayo 14, 2014



La ética se va perdiendo a medida que el valor de las personas decae. La ética nace del compromiso, no del falso compromiso de boca, sino del real que nace de la posición social. Si tengo una empresa debo ser responsable obligatoriamente debido a que si no lo soy pierdo clientes. Mientras más arriba se encuentre una persona en la estructura social mayores compromisos tiene y mayor ética está obligado a mantener. Me dirán que no siempre ocurre esto. Es cierto, no ocurre cuando se tiene un poder ilimitado. Vemos políticos corruptos que hacen lo que quieren debido a que son intocables. Pero la formula que expreso hace referencia a la dependencia de la imagen pública que se tenga.

Antiguamente los grupos eran pequeños y todos se conocían. Cada miembro tenía su valor en el grupo, y en función de ese valor desarrollaba su ética. No niego que existan personas con un fuerte comportamiento ético a pesar de no ser valorados en el grupo, pero posiblemente por esto mismo tratan de portarse bien. Los más débiles se sienten obligados a portarse mejor para ser aceptados. Cuando alguien siente que su rol en la sociedad en la que se encuentra es fuertemente valorado, tiende a comportarse según el rol que desempeña. El médico del pueblo es irreemplazable, el carpintero también lo es, existen profesiones que otorgan un gran estatus.

¿Pero qué ocurre cuando se incrementa el número de personas en una comunidad y ya no hay un sólo médico, sino cientos, miles? Cuando alguien puede ser sustituido fácilmente, cuando pasa a ser alguien del montón, su ética decrece. Ni hablar cuando alguien es prácticamente desconocido fuera de un círculo de amistades muy pequeño.

Si alguien es prácticamente desconocido y debe enfrentar un dilema ético, pesará las pérdidas y ganancias, y actuará en función de este cálculo. Salvo que termine en la cárcel, un comportamiento reñido con la ética sólo conducirá a una sanción social por parte de un grupo pequeño de personas. Puede que lo que ese grupito piense no sea relevante para quien actúa mal. Escuchamos muchas veces decir “no me importa lo que piensen acerca de mí los demás”. Llegados a este punto cuando los demás no pueden afectar, cuando la imagen pública no es importante, se entra en la esfera donde la ética deja de ser importante.

Es cierto que muchas veces se trata de elevar la ética a una esfera individual llamada de los “principios” o “valores”, donde cada uno elige sólo para sí, pero la realidad es más compleja -o menos-. Cuando compramos un electrodoméstico tomamos en cuenta la marca, cuando visitamos a un médico -si podemos pagarlo- nos guiamos por su trayectoria. Un vendedor de coches sabe que si el próximo cliente le compra un coche no lo verá nunca más, así que la comisión que se lleve es lo único importante para él. Es más, puede que hasta se guíe por una ética de los negocios que lo empuje a ganar todo lo que pueda.

Hay que ser realistas, el comportamiento ético de las personas dependerá de cuánto dependan de su imagen pública. Mientras más anónimos nos volvemos, mientras menos valgan las personas, menos ética.


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