lunes, enero 18, 2016



Mucho se habla acerca de la verdad pero pocas personas saben en qué consiste, ni personas cultas son capaces de definirla. Un halo de misterio rodea a su concepto. Podemos escuchar cosas como que “la verdad es relativa”, “no existe la verdad absoluta”, “la verdad sólo puede ser dicha a medias”, etc. Esto último tiene mucho de verdad. Pero la verdad es que entender en qué consiste la verdad no es tan complicado. En esencia la verdad califica a un dicho, por ejemplo, si digo que ahora está lloviendo aquí donde me encuentro, y en verdad está lloviendo, digo la verdad. La verdad no es otra cosa que la adecuación entre lo dicho y aquello sobre lo que se dice. No hay más misterio, esto lo sabemos intuitivamente, porque las personas pueden reconocer la verdad aún sin saber definirla. Pueden hacerse una idea acerca de si Pedro está diciendo la verdad o está mintiendo, aunque no sepan decirnos en qué consiste la verdad.

Claro, existen verdades binarias, muy simples, por ejemplo: Ana está embarazada o no lo está, ahora llueve aquí o no llueve, Pedro está vivo o muerto, etc. Pero existen verdades más complejas, por ejemplo aquellas que nacen como hipótesis o teorías. La teoría de cuerdas no ha sido aún demostrada, es una construcción muy compleja donde los científicos no llegan a ponerse de acuerdo. La verdad que puede conducir a una persona a la cárcel puede construirse a partir de pistas parciales y con el paso del tiempo demostrarse que el juicio formado a partir de éstas ha estado equivocado. Ese es el gran problema para definir en qué consiste la verdad y que ha conducido a muchos a decir que la verdad es relativa. No, no lo es. El problema surge cuando por algún motivo no tenemos acceso a la verdad buscada y debemos, en su lugar construir hipótesis y teorías a partir de información parcial. Cuando esto ocurre es cuando se da la multiplicidad de opiniones. Pero, mientras más datos poseamos acerca de un fenómeno investigado más precisas y verdaderas serán las construcciones que hagamos.

Sin embargo, a pesar de lo evidente que puede resultar lo que acabo de escribir, podemos sentir que algo falta ahí, la verdad parece ser más importante que la simple coincidencia entre el dicho y aquello sobre lo que se dice, al punto que una persona puede morir por la verdad. Hay quienes sienten que la verdad debe ser dicha a pesar de todo, de las consecuencias negativas que pueda acarrear revelarla. Existe un fuerte impulso a decir la verdad, y si ese impulso se bloquea la persona puede enfermar. De aquí el gran poder curativo de la confesión. Guardar secretos puede volver atractivas a las personas, pero también puede enfermarlas. ¿Por qué vuelven atractivas a las personas sus secretos? Porque así como existe un impulso a decir la verdad existe otro a buscarla presente en todos nosotros, y tratar de descubrir alguien puede mantenernos interesados hasta que se agoten sus secretos. (Claro, existen personas que jamás dejan de interesarnos a pesar de que no nos guarden secretos, pero este fenómeno será argumento de otro artículo) El cine en esencia consiste en desplegar una trama donde no sólo ocurren cosas sino que además se busca una verdad. Cuando alguien nos atrapa en un relato se debe a que prestamos atención porque deseamos saber qué ha pasado, o sea la verdad. Toda trama cinematográfica pretende sorprendernos momento a momento para mantener presa nuestra atención, hasta la culminación donde se revela una verdad oculta.

Poco a poco vamos viendo que la verdad va más allá del simple acomodo de un dicho con aquello sobre lo que se dice, más bien es una dimensión de nuestra experiencia y, por sobre todo, de nuestra vida, pero para entenderlo debemos tratar de comprender la verdad a través de su opuesto: la mentira.

Este pequeño giro lo cambia todo, porque ahora no podemos dejar de ver que el concepto de verdad o de mentira, está asociado al otro y al Otro. Si la verdad es tan importante es porque no queremos mentiras, no toleramos que nos mientan, necesitamos saber la verdad, particularmente la verdad acerca de las personas que nos interesan. La confianza, tan necesaria entre las personas para poder convivir descansa en la verdad entre ellas, la mentira destruye la confianza.

Los lectores se habrán quedado enganchados a una pequeña distinción que he hecho entre el otro y el Otro. La dimensión de la verdad/mentira siempre incluye a los demás, el “otro” incluye a las personas reales con quienes nos vinculamos. Es más, con ellas podemos mantener distinto nivel de verdad/mentira en función de cuánto nos importen. Se habla mucho de la máscara social que todos construimos para vivir en el mundo, generalmente se emplean distintas máscaras con personas distintas, también se las llama “roles”. Pero también existe un “Otro” con la “O” mayúscula, más extenso, incluyendo a todos los hombres, a la Humanidad como un todo. Una persona puede dirigirse a otro concreto y confesarle algo, pero también puede realizar una confesión pública, y en este caso se dirige a un Otro no específico. Muchas veces experimentamos la necesidad de dirigirnos a Otro, los artistas pueden crear una obra dirigida a una persona concreta, por ejemplo un poeta a su amada, o dirigida a la posteridad. Un filósofo busca la verdad, pero no necesariamente una verdad particular, sino un tipo de verdad general, universal, que pueda interesar a las generaciones futuras. Igualmente la ciencia, pero la verdad científica no es similar a la filosófica. Posiblemente en otro artículo me explaye un poco más en la diferencia.

“La verdad sólo puede ser dicha a medias”. Esta es otra de las frases que se escucha por ahí, especialmente en los círculos Lacanianos. No es del todo cierto, pues como expuse anteriormente con relación a las verdades binarias del tipo Sí o No, en estos casos sí puede decirse completamente, pero hay verdades más complejas y la palabra hablada o escrita no bastan para exponerla, especialmente cuando debe ser comunicada luchando contra la tentación de mentir. Difícilmente una persona pueda revelar verdades sensibles acerca de sí mismo a pesar de la buena intención que tenga para hacerlo, siempre se querrá contarla de cierta manera. De ahí a que para conocer a alguien nos guiaremos más por sus actos que por lo que nos diga acerca de sí mismo. Quien quiera revelarse lo hará a medias siempre, pues su discurso estará soportado por un lenguaje corporal involuntario que lo confirmará o negará. Siempre nos formaremos una idea de alguien a partir de componentes difusos de su comportamiento pues sospecharemos que pueda tratar de darnos una impresión mejorada acerca de sí mismo. Casi siempre captamos estas verdades como a través de espejos múltiples que nos dan reflejos sesgados que luego deberemos integrar en una idea global, y no siempre logramos hacerlo.

La dimensión de la verdad en nuestras vidas es determinante, creo que poco a poco va delimitándose el campo real de la misma: la historia vivida por una persona o un grupo. En esencia la verdad que nos interesa de alguien es su historia vital, ya que es la que nos dará las pistas necesarias para construir la confianza en ella. La verdad de alguien es aquello que ha hecho, de ahí que cada vez que desee expresarse verdaderamente deba luchar contra la tentación de mentir para lograr el reconocimiento. Necesitamos confiar en las personas, los grupos, las instituciones, etc. Las verdades que nos importan no pasan tanto por saber las características del bosón de Higgs, sino por saber si nuestros gobernantes nos mienten, si las pruebas acerca de las virtudes de un procedimiento médico son ciertas y podemos confiar en estas, etc. Necesitamos la verdad para tomar nuestras elecciones. Sin confianza terminamos en lo que se ha denominado sociedades de la desconfianza. Hoy se ha instalado la desconfianza en buena parte del mundo, se vive en desconfianza, sospechamos que cualquiera puede engañarnos para obtener algún beneficio de nosotros y reducimos al mínimo la confianza en pocas personas significativas, a veces ni en éstas.

La característica de esta época postmoderna pasa por la destrucción de la dimensión de la verdad en nuestras vidas. De ahí dichos como que la verdad es relativa y depende del cristal con que se mire. Fácilmente se zanja una cuestión sobre la verdad diciendo: “bueno tú piensas eso yo pienso esto otro”. Para peor se acepta ese estado de situación, posiblemente porque a estas alturas las personas están tan alejadas de la verdad que ya no son capaces de experimentarla como para reconocerla, todo se resuelva en simple palabrería sin mayor sentido que el estético de los discursos. La gente no siente la verdad en sus entrañas y no puede reconocerla al verla. De aquí que los gobiernos se hayan vuelto tan demagógicos en estos tiempos, pues resulta muy fácil engañar a las personas por lo alejadas que se encuentran de la dimensión de la verdad en sus vidas. Hoy se cumple la máxima de Sartre: el infierno son los otros.

Curiosamente la verdad de las personas no deja de revelarse, existe algo así como una presión de fondo que empuja a la verdad a expresarse de alguna manera en actos fallidos, lapsus, chistes, etc. Pero las personas no pueden reconocer la verdad, posiblemente por dejar de confiar en todos. Si no confío en el otro la verdad deja de tener valor y pasamos a vivir plenamente en la sociedad de la desconfianza. Pero no confiar en el otro activa una necesidad mayor de comunicación con el Otro. De esta manera surge la necesidad de expresarse dirigiéndonos al Gran Otro. Las grandes autobiografías nacen de esta necesidad, las terapias dialógicas también, pues un paciente se expresa ante Otro que encarna el terapeuta, muchas veces sin estar plenamente consciente de ello. Un gran error técnico y humano puede pasar por identificarse con ese Otro que el paciente ha depositado en el terapeuta. Pero este proceso también será para otro artículo. Puedo acotar ahora que Dios es una estructura psíquica nacida de la necesidad de algunas personas de encarnar al Gran Otro, al no poder hacerlo en alguien concreto se realiza en una idea. De cualquier manera, hablarle al Otro en Dios o a través de cualquier confesión, o con uno de sus representantes en la tierra, como puede ser un salvador, un terapeuta, un maestro, puede no alcanzar para la curación, debido a que ese “secreto” seguirá permaneciendo en un ámbito estructural interior. La curación vendrá a posteriori al perder fuerza el secreto por una aceptación íntima y liberación con el otro. Verán que las personas que han pasado por una terapia exitosa son más abiertas y espontáneas, es más, a veces pecan por exceso de revelación.

Sintetizando, la verdad debe ser considerada como un campo de fuerzas en las que nos debemos mover siempre, siempre se nos revela y nos fuerza a revelarnos cuando nos distraemos. Las verdades que a las personas les interesan son aquellas que le permiten construir confianza en torno a los diferentes actores sociales que aparecerán en sus vidas. No es algo etéreo, difuso, relativo, es algo muy real, al punto que puede acotarse fácilmente como que es la verdad histórica de estos actores sociales en la vida de las personas sumada a la verdad histórica personal, pues a partir del conocimiento que tengamos acerca de nuestra verdad podremos captar la verdad de los demás.

La verdad, entonces, es una fuerza activa en la vida de las personas, empuja de alguna manera a hacer ciertas cosas y evitar otras. Permite crear confianza y tomar nuestras elecciones. Si con frecuencia te equivocas al tomar tus decisiones podrías analizar si hay alguna verdad acerca de ti que rehúyes conocer.

Quiero que recuerden que la verdad se da entre dos o más.


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