martes, enero 19, 2016



La capacidad para pensar depende de la capacidad para inhibir los impulsos, de oponerse a ellos, porque una situación demanda de tener que pensar antes de actuar cuando los impulsos nos llevan en una dirección equivocada y se hace necesario cuestionarlos. Una de las analogías que me gusta emplear a la hora de entender en qué consiste pensar es el juego de ajedrez. En el ajedrez se deben vencer a dos enemigos durante una partida: al oponente y a uno mismo. Los jugadores conocen una estrategia que se llama celada, en ésta el adversario parece descuidarse y dejar una pieza en posición de ser tomada, en este caso el jugador si se guía por sus impulsos primarios querrá tomarla pero al hacerlo quedará en una posición de debilidad que el adversario podrá aprovechar para ganar la partida o alcanzar una posición estratégica superior. Un buen jugador desconfiará de todo lo que su adversario haga y no caerá en celadas si es capaz de inhibir sus impulsos y pensar con claridad, esta es la esencia del pensamiento estratégico. El actuar estratégico depende de poder hacer cosas que no nos gustan y que no haríamos espontáneamente si no fuera necesario hacer para así alcanzar una meta. A quien venda un producto no le gustará venderlo más barato o regalarlo, pero hacerlo en ciertas condiciones puede reportarle un aumento de ventas posterior. Es la idea que se esconde tras toda oferta de productos.

Recuerdo un experimento sobre inteligencia emocional que se llevó a cabo hace unos años. Se colocaba a un niño en una habitación cerrada y frente a él se colocaban unas apetitosas galletas, se le dejaba solo un cierto tiempo pero antes de hacerlo se le indicaba que disponía de dos opciones: si quería podía comerse las galletas o, esperar a la vuelta del operador donde se le daría un premio aún más apetitoso. Los chicos que no podían resistir la tentación ni la espera y se comían las galletas alcanzaban menos éxito en a formación escolar y en su vida futura, conrespecto a quienes eran capaces de posponer la satisfacción por un premio mayor más adelante. Estos últimos llegaban más lejos generalmente en sus respectivas vidas.

El pensamiento se ha ido construyendo a partir de la capacidad de inhibición de nuestros impulsos, un animal sin capacidad de aprendizaje a partir de su experiencia moriría. Hay quienes discuten si los animales llamados inferiores poseen la capacidad de pensar, pero todo animal que muestre capacidad de aprendizaje debe tener capacidad para pensar, pues pensar consiste en buena parte en anticipar lo que ocurrirá si seguimos por un camino u otro. El ajedrecista ensaya las jugadas en su mente hasta llegar a la estrategia y movida que pueda conducirlo a ganar la partida. Personas muy impulsivas y con poca capacidad de frustración difícilmente puedan llegar a ser buenos jugadores de ajedrez y buenos pensadores.

Retomando el experimento sobre inteligencia emocional podría deducir que los chicos que han sido capaces de posponer la satisfacción de un deseo por un premio mayor son los que más lejos han llegado en la escala social, deben ser los grandes emprendedores, los que no esperan que otros hagan cosas por ellos y se lanzan a conseguirlas por su cuenta. Estos construirán empresas o alcanzarán los puestos de dirección de empresas grandes donde trabajen, porque para ascender en éstas o en cualquier organización social se requiere de la capacidad para pensar por uno mismo y de tolerar la frustración. Piensan a largo plazo, luchan por algo que está lejos en el tiempo y saben que deberán sacrificar muchas cosas en el presente por algo de mayor valor en el futuro. En cambio, quienes no toleran la frustración, que serán los más, elegirán puestos de trabajo de menor calificación porque están menos preparados y porque no toleran la frustración, lo que les impidió formarse mejor y estar en condiciones de aceptar hoy trabajos de alta calificación. No cuento nada nuevo, en toda organización están unos pocos arriba dirigiendo la marcha de ésta y en la base una mayoría que prefiere seguir a quienes poseen la capacidad para pensar y resolver los problemas. En muchos países podemos notar que ser funcionario público es la aspiración de una mayoría no calificada, porque al obtener un empleo así sentirán que están protegidos para toda la vida. Mientras tanto, aquellos que sí poseen capacidad de frustración y son emprendedores, elegirán ser cuentapropistas antes que funcionarios. La tendrán más difícil, pero el premio mayor si lo alcanzan lo merecerá para ellos.

Claro, en esta división entre los que toleran la frustración y son emprendedores, y los que no y prefieren puestos de trabajo con menor remuneración pero seguro, se crea un fuerte sentimiento de envidia. Quien no tolera la frustración y no ha podido formarse para alcanzar una calidad de vida mejor, ha desarrollado envidia por quienes sí lo han hecho y si pudiera quitarle a quienes han logrado mucho parte de sus cosas, lo harían. Nadie acepta que lo que tiene es lo que merece a partir de su dedicación, no acepta que no tiene más porque no quiere trabajar y arriesgarse para alcanzarlo, le echará la culpa a cualquier elemento externo a él. Será culpa del gobierno, de la política, del capitalismo, etc. Sin negar el hecho de que un gobierno puede arruinar un país, lo cierto es que los emprendedores siempre encuentran la forma de salvarse de lo que les viene de fuera, mientras que los que esperan que el maná les caiga del cielo no.

Las consecuencias en un sistema democrático son muy importantes. Un país puede tener un buen gobierno, un mal gobierno, o uno intrascendente. Si el gobierno lleva bien las cosas y los no emprendedores se sienten seguros y con lo mínimo asegurado todo irá bien. Hay que tener en cuenta que los emprendedores generalmente se las arreglan en cualquier sistema, además, que un país vaya bien depende en buena medida de que los emprendedores creen riquezas, los no emprendedores no pueden crearlas por sí mismos, siempre estarán en posición dependiente. Pero supongamos que un gobierno lleva mal las cosas y los no emprendedores comienzan a perder su seguridad. La consecuencia puede ser devastadora para una democracia. Toda esa masa de gente incapaz de tolerar la frustración, impulsiva y con poca o nula capacidad para pensar, se convierte en una fuerza social fácilmente manipulable para ser conducida en una dirección u otra. Así nacen los populismos. Un rasgo esencial de los populismos es su apelación a la emocionalidad. Todo grupo humano animado por emociones básicas siempre estará manejado por líderes que los manipulan en su propio beneficio. En cambio, quienes sí poseen la capacidad para pensar y tomar elecciones por sí mismos, los que no necesitan de un salvador porque se salvan solos, no son manipulables tan fácilmente, porque se dan cuenta de las cosas.

Las izquierdas populistas son las encargadas de encauzar el descontento popular y los sentimientos más bajos de una sociedad, porque además, muchas de esas personas no tienen nada que perder, pero por sobre todo: necesitan de un salvador. De alguien que piense por ellas, porque ellas son incapaces de pensar por sí mismas, ya que por constitución biológica llegaron al mundo con poca tolerancia a la frustración. Pero además, resulta entendible que quienes no posean capacidad de autogestión, que dependa de otros, necesite de un salvador que los guie, porque ellos son incapaces de guiarse por sí mismos.

Lo peor de todo con estas personas pasa por no percatarse de su situación y por la envidia que experimentan por quienes sí han arriesgado y trabajado por construir algo mejor para ellos mismos. Luego estos envidiosos se sienten con derecho a exigir que le quiten a estos que han trabajado y se los entreguen a ellos esgrimiendo una falsa justicia social. Para alguien con un poco de luces le resultará muy fácil estimular las bajas pasiones de estas personas frustradas y prometerles algo que jamás conseguirían por sí mismos. Así venden su alma al diablo.

Claro, la culpa de este estado de situación es de los gobiernos que conducen a un país a que esa masa de aspirantes a funcionarios corra el riesgo de perder su seguridad, pues desesperados buscarán con toda su fuerza a un salvador que les devuelva la seguridad perdida.

Una vez que un gobierno populista llega al poder con esta gente apoyándolo se encontrará en un terrible dilema para gobernar. Estas masas poseen muy poca tolerancia a la frustración, y muy poca inteligencia para entender una medida cuyos resultados se perciban a largo plazo. Así, que lo primero que deberá hacer un gobierno populista es llevar adelante medidas que proporcionen una pequeña satisfacción a estas masas, deberán darles galletitas todos los días para tranquilizarlos. Deberá modificar los impuestos de manera de que se le quite algo a los que tienen más para dárselos a los que tienen menos. Esta medida proporcionará a los envidiosos una fuerte satisfacción pulsional que justificarán como justicia social. Este gobierno deberá tomar medidas que protejan al trabajador dependiente, que le brinde más seguridad, aunque al hacerlo genere desocupación en un momento donde posiblemente reine el paro. En síntesis, un gobierno populista nace de manera tal que está condenado al fracaso, como lo hemos visto en tantos lugares. Si las cuentas del estado están mal no puede realizar un ajuste debido a que está obligado a aumentar el gasto social para mantener satisfechos a los insatisfechos, pero al hacerlo se endeudará y profundizará la crisis.

Hasta ahora estoy suponiendo que estos gobiernos a pesar de ser populistas están bien intencionados, cuando en la mayoría de los casos no es así. La mayoría de los dirigentes populistas se aprovechan del descontento popular para encauzarlo hacia la obtención de sus propios intereses.

Entonces, si estos políticos desean beneficiarse de este estado de cosas con personas fácilmente manipulables con la emoción y con poca capacidad de pensamiento y sin tolerancia a la frustración, está condenado al fracaso. Primero, está obligado a actuar con rapidez para satisfacer las necesidades inmediatas de estas masas, debe aumentar salarios, jubilaciones, poner más dinero en todo tipo de asistencia social, etc., pero como para disponer de recursos legítimos la economía debería generar más riqueza, sólo le queda un camino: endeudarse para que más adelante sea otro quien pague todo eso. Verán que la muerte de todo gobierno populista se da cuando hay que pagar las cuentas. Hace poco leí una frase que se la atribuían a algún político que no recuerdo su nombre, pero la frase tenía mucho sentido, decía: "El socialismo es el sistema que gobierna con el dinero de otros hasta que se acaba el dinero". Muy cierto. Una vez que el dinero se acaba y hay que pagar se llama a un gobierno de derechas para que saneen las cuentas. La única forma de hacerlo es reduciendo el tamaño del estado y favoreciendo el crecimiento económico.

Difícil la tienen los gobiernos cuando un país llegó al estado donde las masas han perdido la seguridad económica, porque se crean las condiciones para que los arribistas las manipulen para sus intereses personales. Estas masas no son capaces de entender la complejidad de las relaciones políticas y económicas, sólo buscan un salvador que les brinde seguridad, al menos psicológica. Están desesperadas, las emociones más bajas se han activado, y ya sabemos que esas emociones son malas. La envidia es la peor de todas. En esta situación cómo hacerles entender que no es endeudándose que se resuelven los problemas sino a través de medidas que hagan crecer la producción de riquezas y con ello el aumento de empleos, y que atacando a quienes la producen sólo se genera más pobreza y desempleo. Pero la envidia es un sentimiento muy poderoso, un envidioso prefiere su propia destrucción si con ello destruye a quien envidia, antes que dejar que el otro siga estando mejor.

Entonces, cuando se alcanza la masa crítica consistente en que las personas incapaces de valerse por sí mismas pierdan su seguridad, un país se convierte en terreno fértil para que los demagogos populistas las manipulen para hacerse del poder. Basta con dirigirse a ellas como si fueran niños y prometerles seguridad, dinero, pero por sobre todo que se castigará a quienes tienen más. La envidia es la fuerza motriz más poderosa de las fuerzas ultraizquierdistas. Si además, se adorna todo esto con un poco de ideología marxista-leninista, mejor. Un ignorante que además cree tener la razón es el primer paso a la barbarie.

Luego de alcanzada esa masa crítica retornar al camino será muy difícil, porque no hay forma de lidiar con masas incapaces de pensar y entender. ¿Cómo hacerle entrar en razón a un energúmeno que exige que ahora mismo le den lo que quiere y cree que lo merece? Para ello se necesita un gran comunicador, un educador, alguien que con paciencia se dedique a enseñar y mostrar cómo están las cosas y qué camino hay que tomar. Una y otra vez habrá que explicar y explicar. Si no se hace los populistas ganarán el terreno posicionándose en la mente de las masas en descontento. Hay que vencer a la demagogia con inteligencia y educación, no con silencio. El silencio sólo logra que el demagogo crezca y se posicione.

Desgraciadamente no se educa para pensar, se educa para insertarse en el medio laboral, no para pensar.


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