domingo, noviembre 13, 2016



Etimológicamente se entiende a la filosofía como “amor a la sabiduría” o, más correctamente como “aspiración a la sabiduría”. Los no iniciados (no, no me he equivocado) realizan un desplazamiento imperceptible desde el concepto de sabiduría al concepto de conocimiento. Lo que los lleva a creer que el filósofo busca el conocimiento, y que la sabiduría consiste en el poseer muchos conocimientos, a mayor conocimiento mayor sabiduría para ellos, cosa que la historia desmiente continuamente.

El conocimiento es algo que se posee, la sabiduría es algo que se es. El conocimiento puede representarse simbólicamente y acumularse, por ejemplo en libros. En mi casa puedo tener un libro o 10000, y no me afectará gran cosa. Los amantes de los libros sostienen equivocadamente que la lectura mejora a las personas, pero eso no ocurre realmente. La adquisición de conocimientos hará más eficaces a las personas en su vida, quien se haya convertido en médico poseerá mayores medios para vivir que quien no haya estudiado nada. Adquirir destrezas varias nos hace más aptos para la sobrevivencia, pero no necesariamente más sabios, aunque, adquirir destrezas nos puede volver más sabios, cosa que el simple conocimiento no. El motivo es que adquirir una destreza implica sufrir una modificación en nuestro ser. Aprender a escribir sí nos transforma algo.

En una vieja taxonomía sobre la formación por objetivos se hacía una distinción entre “actitudes”, “conocimientos” y “destrezas”. La adquisición de conocimientos es la que menos nos transforma debido a que se encuentran separados de nuestro ser. Esto lo notamos hoy con internet, por lo que nos preocupamos menos por la adquisición de conocimientos debido a que cuando los necesitemos los podremos encontrar fácilmente en cualquier buscador.

Quien se inicie en el camino de la filosofía puede cometer este error, el de confundir sabiduría con conocimiento, y llevarlo a devorar cuanto libro exista sobre filosofía esperando adquirir muchos conocimientos, conocimientos que no lo harán más sabio. Lo veo en los grupos de filosofía, donde los licenciados en filosofía manejan información sobre ésta, pero son incapaces de expresar saber. Para responder a una pregunta copian un texto de algún pensador famoso que supuestamente ya ha respondido a la misma. Estos licenciados manejan conocimiento, pero no poseen sabiduría. Los grupos de filosofía manejan mucha información-conocimiento, pero nada de saber real, pues la mayoría son incapaces de expresarse con voz propia.

Sí, la sabiduría consiste en parte (sólo en parte) en la adquisición de la capacidad para expresarse con voz propia. La sabiduría se expresa en acto, el conocimiento se representa y acumula.

Esto me lleva al comienzo de este artículo cuando mencioné a la filosofía como ejercicio iniciático. La filosofía apegada al conocimiento y al narcisismo de la erudición crea profesores de filosofía, que a su vez serán quienes creen a otros profesores de filosofía, pero no a hombres sabios. La creación de un sabio no pasa por llenar su cabeza con textos filosóficos o científicos, sino por modificar su ser de alguna manera. El sabio se manifiesta a través de la expresión de su ser antes que por lo que conoce. De aquí a la necesidad de concebir a la filosofía como ejercicio de iniciación y transformación de la persona antes que de promover la adquisición de conocimientos o de conducirlo a que sea un productor de conocimientos. Un científico es un productor de conocimientos, pero esos conocimientos difícilmente cambien su ser en el sentido de dotarlo de sabiduría. Lo hará más eficiente para resolver y enfrentar ciertas situaciones, puede que lo vuelva más creativo, pero no más sabio.

En la vieja Academia de Platón se concebía a la filosofía como ejercicio iniciático, se buscaba destilar la sabiduría en sus miembros antes que llenarlos de conocimientos. Heidegger (aunque no sea un buen ejemplo), también consideraba a la filosofía como camino, y todo camino es en esencia un camino de transformación.

El filósofo verdadero no se preocupa tanto del conocimiento, sino fundamentalmente de su vida y de qué hacer con ella.


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